Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
A partir del 30 de noviembre está abierta la exposición «PICASSO MESTIZO» de FELIPE ALARCON ECHENIQUE en la Sala de Exposiciones del Palacio de los Berrantes-Cervantes de Trujillo (Cáceres), cuya plasticidad, mutaciones, metamorfosis, transferencias y significados coinciden con las inquietudes intelectuales de nuestros tiempos.
Su concepción es una orquestación de la realidad como una organización imaginativa de la vida y como afirmación y promesa del poder del hombre sobre el mundo creado por él, y como un humanismo conquistador que está arraigado en la sustancia profunda.
Cada una de sus obras es un fresco total de la historia del arte tal como él la entiende, la experimenta y la visualiza, materializando una búsqueda creativa en la que nunca cesará.
A Lo abstracto se le ha dado por una técnica y práctica ya agotadas desde hace décadas, pero continuamente surgen manifestaciones que lo ponen en duda.
En el caso de la americana KIRCHNER la concepción es plástica por sí misma, indeterminando y al mismo tiempo generando esos hallazgos cromáticos que emanan de un proceso espontáneo y fluido.
Sus obras conforman presencias y halos espectrales entre la luz y la oscuridad, pasando por estadios intermedios que dinamizan tanto como buscan un reposo para hacer real la percepción.
El poder de la comodidad sobre mí; mi impotencia sin la comodidad. No conozco a nadie en quien sean tan fuertes ambas cosas.
El Zen proporciona una espiritualidad que hace cabalgar la mente entre el ser y no ser, pero además al indio GAITONDE le inspiró para plasmar un devocionario plástico que intuía la poesía del mundo.
Su sutileza y pulcritud en la ejecución de sus obras, su resonancia en el tratamiento de las texturas y valores cromáticos, son como amaneceres entre luces inexistentes creadas por él.
Hasta las superficies se quedan pensando en su transferencia a una inmaterialidad que les haría transportarse a otras dimensiones con el fin de seguir siendo el alma embargada por una emanación mística.
Las metáforas son una de las muchas cosas que me hace desesperar en mi actividad literaria.
Las obras totales no sólo se hacen cada vez más raras dentro de cada creación artística, sino que al mismo tiempo son más complicadas e inaccesibles.
Las del ucraniano ALJOSCHA podrían caer dentro de esos términos aunque sus valores plásticos están a la vista y son un cúmulo de significaciones en vuelo.
Si bien es evidente que el conceptualismo por el que se las define no sé si es acertado, su resolución colorida y brillante es luminosa y anima vivamente el espacio por el que transita en su navegación aérea.
Aljoscha
Interminable y sombría tarde de domingo que devora años enteros de vida.
Hay un abismo en la tierra y el alemánWUTZ se sumerge en él para buscar en las profundidades inquietantes los restos que quedan de la condición humana.
Son asentamientos que él reconstruye plásticamente con el legado instintivo que le dejaron ellos mismos y a través de la plasmación de una realidad antropológica y existencial que ya no se esconde de sí misma.
Han de contemplarse, bajo ese relieve cromático tan desbordante, como signos cuyo valor es trazar el desgarramiento visual de unos destinos a los que se le puso fin sin reposo ni breviario.
La destrucción sistemática de mí mismo en el curso de los años es asombrosa, ha sido como la lenta fractura de un dique, una acción premeditada.
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