Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Se ha escrito que el crepúsculo fue un espacio decisivo en el imaginario romántico. La noche y el infinito del arte llevan un camino paralelo, quizás similar al del alemán FRANZ.
Colores, espacios, entornos, figuras, despiden una atmósfera de malditismo, soledad, incomunicación y una despedida de un mundo que no le has dejado permitido moldear lo existente. La apariencia pictórica es torpe para agrandar la fuerza de su impronta.
Así, una síntesis cromática oscura, áspera, como desesperada, infunde en la mirada una visión que no sabe a que atenerse, si a un regusto romántico o a otro existencialista. Lo cierto es que agrieta nuestra percepción.
El miedo a la necedad. Ver necedad en todo sentimiento que aspira a algo de un modo directo, que hace olvidar todo lo demás.
Decía Kandinsky que la pintura busca nuevas formas, pero muy pocos saben aún que se trataba de la búsqueda inconsciente de un nuevo contenido.
El vasco DE VARGAS ha buscado a unas y otro fusionando y esquematizando una plástica apasionada, dura y dejando que los límites los marcara ella.
Trazos de vigor y fuerza, colores austeros pero enardecidos, espacios extendidos para contenerlos y una semántica que escupe toda su furia por la clarividencia de una visión muy bien estructurada.
Ando a la caza de construcciones. Entro en una habitación y las encuentro entremezcándose blanquecinas en un rincón.
Las distintas culturas continentales se manifiestan con arreglo a unos patrones que están concebidos como extraños pasajeros del pasado que se aposentan en el presente.
En las obras del beninés VIGNIKIN se compendia todo el sumario de una práctica ritual, física, espiritual y visual de un hemisferio que sabido preservar su creatividad como medio de identidad.
El belga FOCANT ha sido seducido para que su concepción plástica obtenga el máximo fulgor de una pasta fuertemente coloreada, espesa, que se extiende por la superficie con la espontaneidad de una materia viva.
Esa jugosidad sensorial se muestra plena, abierta a continuas mutaciones, intervenciones, a un sentido pleno en los matices cromáticos, y a un firme discurrir entre sedimentos.
Al final sus obras son abstracciones que habilitan una semántica visual de saberes pictóricos, de ensayos y experimentaciones, de pulidos densos e iluminadores.
¿Dónde hallaré salvación? Cuántas falsedades de las que había perdido ya toda noción serán remontadas a la superficie.
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