Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
El gran tamaño de los cuerpos quiere descubrirnos que ellos existen a pesar de ser unos seres que nunca se visibilizan en el ámbito de los medios occidentales.
Para la artista americana MAE PENDERGAST su representación es la culminación de unas referencias plásticas históricas que necesitaban una reformulación al hilo de unos valores culturales ignorados y marginados.
El armazón de esa figuras africanas desprende detrás de esos ojos cerrados una manera auténtica de entender y visualizar agravios y abandonos, sufrimientos y fatalismos, sentimientos y desesperanzas.
Cuando ya todo aparece acabado, avanzan sin embargo nuevas formas, lo cual significa precisamente que estás vivo. Si no viniesen, entonces sí que se acabaría todo, pero de un modo definitivo.
La vida del austríaco GERSTL fue una angustia permanente, inconsolable, carente de equilibrio, una travesía desesperada antes del descenso final al abismo.
Las obras que se han salvado después del incendio revelan la clarividencia y lucidez de un precursor, que supo ahondar en lo más íntimo de ser
Los problemas que afronta la creación son técnicos y formales y como tales abarcan cuestiones directamente vinculadas con el modo de formulación y el significado.
Así es como el italiano LA FAUCI deconstruyó los rostros de mujeres, los plastificó, los emborronó hasta que dada la consistencia de la masa cromática endulzada se hicieron lujuria caprichosa.
¿Intenta así el artista vulgarizar esos retratos de papel cuché que falsifican una belleza de quita y pon, sustituyéndoles el semblante por una máscara cruelmente o irrisoriamente maquillada?
La confirmada convicción de que, con mi novela, me encuentro en las vergonzosas depresiones que tiene el arte de escribir.
El sueco HELIN es un artista que reflexiona plásticamente segmentando la superficie, imprimiéndole una variedad cromática que sintoniza una completa fusión visual.
Sus obras nos hacen penetrar en una jungla gauginiana en que la síntesis encierra estímulos, señales, emociones, pensamientos que evocan.
La profundidad pictórica es la que nos induce a abismarnos en un reconocimiento que no se entendería ni se percibiría sin esas sombras transidas, renuentes.
Nadie duda que el artista debe representar la idea de su arte personalmente, absorbiéndolo y viviéndolo él mismo como si fuese su última voluntad.
Así es como dibuja la inglesa LAMBERT, como si gracias a su obra algo de esa eternidad del arte y de su historia fuese un final que estuviese siempre al principio.
La negrura de sus líneas es un anhelo salvaje de poner ante nuestros ojos una carne agotada y un espíritu que se resigna a acompañarla, a pesar de que las raíces plásticas siguen vivas al paso de los siglos.
La necesidad metafísica no es más que necesidad de muerte.
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