Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Las instalaciones y esculturas de la coreana LEE me llevan a las palabras de Gunter Blöker referentes a que gran testación es alcanzar esa madurez pata timar conciencia de la defectuosidad innata del mundo, defectuosidad que podemos mitigar pero nunca eliminar del todo.
Esa defectuosidad es inmensa cuando estos despojos que son los nuestros los negamos y los rechazamos, son engendros kafkianos que nos asaltan para devorarnos visualmente.
Se dice que hablan de deseo, lascivia, muerte y pesadillas, pero nunca les he escuchado ni tampoco tengo la intención de hacerlo, además ignoro si lo que están pidiendo es una crucifixión sobre las llamas.
¡No rendirse! Aunque no haya redención, voy a ser en todo momento digno de ella.
El arte no malgasta ni el tiempo ni la hora, ni siquiera los silencios con los que confía impulsar y verter sus significados y emociones, sus incertidumbres y sus dudas.
Así es como la francesa LOBCHANSKY se dejaba llevar por una madurez plástica enganchada a su saber e intuir, a obtener que las superficies hablasen por medio de esas capas y yacimientos cromáticos tan líricos y evanescentes.
Susobras soncomo mares siderales, comocosmos abiertos a un infinitoque deja sus huellas y estelas, sus signos y pleamares, sus volcanes y sus arenas.
El arte permanece con la mirada fija proyectándose en el infinito y dejando la muerte atrás, pues ya no perderá nunca su fuerza vital, la que nos sirve para convivir con él.
Y así es como nos muestra unas instalaciones como las de la croata BUIC, pensadas y realizadas como como acontecimientos formales y materiales de lo textil.
Quedan como recorridos visuales gigantescos que tapizan nuestras revueltas y sensaciones internas, y las hacen fomentar en la mirada unos espejismos que ya han decidido no mudarse.
Sobre todo, me faltaba en absoluto la capacidad de tomar la menor disposición de cara a un futuro real.
Los constructos mentales de la francesa ARTHUR BERTRAND han sido la expresión de una lucha encarnizada y permanente entre los signos plásticos de su tiempo y su yo expresionista.
En el fondo, en todas estas generaciones pictóricas la contienda estaba centrada en la ruptura de límites y en la sinceridad de unos egos en constante duda sobre sí mismos.
Pero la artista ha sabido lidiar con sus capacidades y respuestas, haciendo que el color, en tonos más bien apagados, aullase y fluyese, se sintiese vértigo y caída, muerte y resurrección.
Afirmó que la misión sentida y aun consciente del artista era adaptar la persona retratada a la forma artística propia.
Volviendo a Adorno, no podemos dejar de citar sus palabras: las obras de arte son enigmáticas porque dicen algo y, al mismo tiempo, lo ocultan.
El holandés SANDERS, en cierto modo el artista olvidado del expresionismo abstracto, también fue un pionero del mismo y mostró toda su fuerza y gestualidad en sus obras.
Supo lo que su pensamiento plástico necesitaba, lo dejó patente en las superficies, lo empastó, lo recalcó, lo lijó, lo embardunó, y lo convirtió en su sueño o pesadilla de identidad.
Estoy separado de todas las cosas por un espacio vacío, a cuyos confines ni siquiera intento acercarme.
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