Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Decía Victoria Combalía que es justamente la cualidad que posee el arte de ser subjetivo y universal, la que a la vez hace que los efluvios de la psique del artista se conviertan en signos comprensibles para cualquiera dotado de sensibilidad.
Es precisamente esa impronta psicológica la que ha llevado al británico DEAN a transmitir plásticamente esa cualidad a cuerpos y rostros, en los que hallamos un sentir profundo que nos penetra.
Y así es como el desarrollo y proceso de sus obras por medio de la técnica de la acuarela hace que su visión subyugue a la mirada impregnándole de ese enigma oculto que la manifiesta como una magnitud sensorial y metafísica.
La italiana SCACCIA quiere esconderse en su obra para convertirse en máscarao en una realidad pictórica imposible de aprehender al cubrirse en trazas deformadas.
Son como impulsos secretos que se explayan en una ejecutoria plástica que intenta el engaño del significante ocultando sin conseguirlo el significado, aunque él mismo dude de sí mismo.
Los enunciados cromáticos, de distintas y acentuadas tonalidades, coadyuvan a que los envoltorios del ser sean de una expresividad volcada en una presencia exterior entre la duda y la rebelión.
Para Gilles Deleuze, el arte contemporáneo se ha convertido en un mundo de simulacros, regido fundamentalmente por los conceptos de diferencia y repetición.
Para el segoviano TARDÓN, en un quehacer que desde la sabiduría técnica cuaja en un configuración entreverada entre lo plástico y lo imaginativo, en un pensamiento que piensa en sí mismo como pintura y fantasía.
Sobre la base de una sólida trama cromática la figuración adquiere una fisonomía mecánica y fantasmal hábilmente iluminada, para que se temple con la inquisición de la mirada, que al verla se queda suspendida entre el tiempo y el espacio.
No pretendemos que el artista argentino y psicoanalista NEWARK nos influya con una obra en la que la ironía es una conciencia clara de la soledad eterna, del caos infinitamente voraz y febril.
Picamos en la tumba de Schlegel y éste nos replicó de mala cara -imagínense después de tantos siglos cómo la tendría – que si la ironía es una forma de la paradoja, una idea es un concepto conducido hasta la ironía, una síntesis absoluta de antítesis absolutas.
Y así, ya convencido, me puse a pintar, nos dice el autor, porque después de tantas sesiones crepitantes de pestilencias delirantes, llegué a la conclusión de Nietzsche, de que el mundo sólo es justificable como fenómeno estético. Por eso dejo que el mío se me vaya de la mente pero no de las manos, con las que construyo la reverberación plástica de mis entrañas genuinas.
La fenomenología plástica del venezolano QUINTERO es una permanente permuta de patrones plásticos, cuando sugiere unos ya hay debajo otros, se confieren dinamismo en el espacio, y si se dibujan son como incógnitas flotantes.
Las tonalidades cromáticas pasan a de frías a calientes, de estar confinadas en un orden estructural a volar libres a la búsqueda de manifestarse como cuerpos que se encienden y resplandecen.
Es una pintura que desarrolla muchos planos que se entrecruzan, que parece mostrar referencias y geometrías aunque de forma disipada, que todo lo envuelve en una atmósfera silenciosa de grades simetrías.
Argumentaba Adorno que las proyecciones en el proceso de producción son sólo un factor de la obra hecha y no el definitivo; el lenguaje, los materiales, tienen su propio peso y más que ellos la obra misma, de la que la imaginación de los psicoanalistas suele ocuparse poco.
El artista multimedia americano FUCIGNA, a partir de una forma y estructura que va encajando en su idea y hacer, selecciona el material más diverso y acorde con esa concepción de lo que para él es una escultura o pintura que busque el sentido mágico de una propuesta plástica.
Eso le lleva a un obrar minucioso en que el equilibrio debe ser el creador de la integración en una unidad que irradia el ser acontecido, que se proyecta en el espacio y lo ocupa como un prodigio que ha tenido lugar.
La belleza será verdad sólo en tanto en cuanto seamos capaces de definirla en términos generosos que abracen el sufrimiento y la muerte. El valenciano CORELLA la define como si fuese más allá de la vida pero sin dejarla en la muerte.
La magnitud de sus retratos únicamente tiene que excavar en la piel para que la densidad humana alcance no solamente su máxima expresión sino un relato de existencias al borde de sí mismas.
Su toque mágicoes poesía que se agranda en la miraday que nos deja en el trance de una razón plástica que nos depara un encuentro por en medio del tiempo, al que atraviesa con el meticuloso hacer de un creador con un poder sublime.
¿Qué es lo que cabría preguntarse ante estos retratos de una edad vencida? La subjetividad encuentra en la muerte su propio ser, su sustancia más oscura, la más íntima y propia.
Ellos la están buscando no importando ni la consciencia ni el ridículo, el ropaje exterior es el recurso de ir enmascarándola, de pensar a pesar de todo que no hay engaño dentro.
El americano BARD da libertad de expresión a la angustia pictórica que se desencadena cuando la aproximación virtuosa a esos seres se encadena a un presentimiento final, cuyo significado está cerrándose.
En estas obras de la americana PECKENPAUGH es una insondable profundidad las que le confiere vida en una fronda barroca y tupida estructurada en formas fragmentadas que crecen hasta salirse del espacio.
Exuberancia de una naturaleza que al internarnos en ella somos conscientes de estar dentro de un trampantojo, de un artificio del que al final acabamos formandoparte, quedándonos la duda de si nosotros también lo somos.
La diversidad cromática conforma unas visiones paradisíacas que se han autogenerado plásticamente con la seguridad de ser seres creados para para atribuir supervivencia y significar signos múltiples de referencia.
En el cubano QUENEDITT el pasado más remoto, el ancestral, el venerado en sus orígenes africanos, se funde con el presente en que se desenvuelve su destino.
Él, con su obra, abre hacia el futuro los signos y símbolos de una cultura atávica que se ha conservado y ahora ha escapado al silencio. Muestra de una identidad que pervive y ya es fruto de un mestizaje.
Sus referentes geométricos encierran un lenguaje que se transmite en un ámbito de experiencias, relatos, creencias y vidas. Confiere hasta hoy una visión acumulada de siglos y esperanzas, de sueños y desventuras, de supervivencias y creatividad.
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