Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Nos decía Antal que el reconocimiento de la importancia del desarrollo social y de los diferentes tipos de enfoque para comprender la diversidad de los estilos y su evolución, no acarrea una secundaria estimación de los rasgos formales ni impide disfrutar de su calidad, ni implica que han perdido su valor los resultados ya logrados por la literatura de la historia del arte, utilizando métodos formales.
En su pintura, la española MOYA refleja el despertar de un alba soñada que se va transformado en una pesadilla que parece hilar la muerte. Su sentido plástico y cromático, tan frío y distante, es a la vez tan transparente como un rocío mortecino.
La luz de sus personajes desdeñan el tiempo y lanzan mensajes a través de unos rostros y cuerpos desdeñosos, a los que la vida no les importa, pues ya han vencido y se han recluido en su cielo eterno olvidado.
Cualquier forma es la forma que el Destino, forma de muerte o vida, forma de toma y deja, deja, toma; y es inútil huirla ni buscarla.
Cierto es que una misma capacidad puede aplicarse a la imitación, a la esquematización, a la absorción o a la deformación de la realidad. En el caso del zamorano Osorio, que acabo de conocer en ESTAMPA y con el que departí amigablemente, es la adivinación de formas a través de la epidermis de la madera.
Sus esculturas son verticales, estilizadas, anatómicas, insinuantes, intuitivas, bien señalizadas en sus valores formales aéreos, en sus cuerpos perforados, en sus desnudas vetas descarnadas y al mismo tiempo táctiles y vivas.
En este quehacer artístico, lo sinuoso buscado es una reflexión clave para seguir en una dirección de abajo arriba un imaginario sostenido por el desarrollo de una idea plástica, que es el final de una visión descendida desde la vieja ansiedad del deseo.
Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo.
El salvadoreño huyó y buscó refugio en Estados Unidos para, a pesar de su grave enfermedad, no dejar que sus altares y retablos quedase inacabados y sin intestinos. Por eso, desde que descorrió las cortinas hay una calma tensa y un silencio oscuro.
Su práctica artística y su concepción estética nacen de un imaginario que tiene que ver con su origen, con la enfermedad, con la pobreza, con la inmigración, con las creencias y las teogonías. Parecen la realidad de otro mundo, aunque es el nuestro en unas imágenes y un destino que ahora se han encendido.
En estas instalaciones, virtuosamente ensambladas a base de múltiples objetos y materias, casi todos con un significado ritual, se pone de manifiesto una fantasía de sentimiento y pesadumbre cincelada en la propia piel de una inhumanidad que añora ser el reverso de unos signos que tienen vocación milenaria.
El tratamiento plástico que el americano SOMERVILLE confiere a sus obras es como un collage que arrancase imágenes de un conocimiento y una conciencia sobre lo que nos debe deparar, una vez procesado, el arte.
No mezcla ética con estética, ni se adentra en escenarios tumultuosos, simplemente compendia pluralmente y estilísticamente los impactos biográficos e históricos que se guardan en el pensamiento y que no habían encontrado el momento de salir.
El manejo creativo y cromático es el acorde inteligente a unos significados que implican visiones de presente y hasta de futuro de una humanidad que en su locura se lleva todo por delante, de lo que queda esta huella temporalmente imprevisible.
A menudo, de atardecer acaecido, arrimo la luz a la ventana, y me miro, sostenido por maderas miserables, tendido en la humedad como un ataúd envejecido, entre paredes bruscamente débiles. Sueño, de una ausencia a otra, y a otra distancia, recibido y amargo.
A la abstracción, desde hace muchos años, la han dejado como incapaz de encontrar nuevos caminos, por considerarla agotada y consumida, carente de esa significación efervescente.
Por mi parte , en tanto en cuanto existan obras como éstas, que siguen andando y madurando, no veo la congruencia de declarar su defunción sin haber resuelto todavía por donde va a transcurrir la nueva aventura estética.
El cubano VICO sabe perfectamente cuales son los signos de su destreza y de su técnica, las conjugaciones cromáticas, los secretos plásticos, el significado que se debate en cada obra, la realidad táctil e imaginativa que genera. Como espectadores no nos queda más que sentirnos dentro de ellas.
Parece como si el mismo viento hubiese creado y hecho fluir las formascon sus corolas multicolores, y las dejase flotar en un firmamento que las tuviese como elucubraciones de una sensación que va más allá de las tinieblas.
La pintura del cubano SANTOS es el fruto de una reflexión y quehacer sobre las capacidades plásticas de unas armonías dictadas por la magia de una danza sensitiva y exultante.
El ensamblaje de tonalidades y gamas cromáticas postula el logro de una densidad espolvoreada sobre la sangre del espacio y del tiempo, de unas osamentas gráciles prontas a brotar para seguir existiendo.
Alegorías de cuando el islote enfermo busca un remo para no divisar la tierra y solamente se queda con los huesos. Los brazos estaba ya agotados y los cuerpos derrotados le dieron la espalda al cementerio ciego y arruinado.
Para el cubano HAU la pintura le sirve como un exorcismo para no ser devorado por las hambrientas noches, los sedientos días, los puños fríos y el mar en llamas.
La figuración y gama cromática de sus obras conforman el discurso de una realidad a la que le han arrebatado el destino, el que se ha quedado sin saber su lugar y siendo acallado debido a las voces que estaban ansiosas por recuperar sus vestigios.
El argentino SURACE consigue que el estruendo de sus murales se vea en toda la calle. Luces y sombras brotan en el día y en la noche, pero siempre alumbran la mirada hambruna de un transeúnte sin ojos.
Ejercen la fascinación en unos tiempos de miseria y terror, y son el esplendor de unos signos en el muro ante los que hasta la muerte se ha detenido para desaparecer cuando la sonrisa cambia de brillo.
Pueden ser como alegorías de colores y grafías que rasgan la ciudad en un renacer de lugares que guardan del olvido de una fantasía, de la realidad de un presagio que sirve para convocar a todos al regreso.
Señala Arturo Caballero que en el arte, incluso en el abstracto, no hay nada casual; todo obedece a una determinada estructura formal que el artista intuye o descubre progresivamente mientras trabaja y que plasma con mayor o menor fortuna.
Para el suizo DESSAUGES la pintura es una arquitectura y hasta escultura abstracta de color y tonalidad que habita todo el espacio que se le ofrece, le da relieve, iluminación, volumen, verticalidad, y una referencialatente a una realidad que se nos impone.
Acaban sus obras por representar iconos fantásticos y futuristas que con su formidable presencia limpia la visión de los estragos y lo cubre todo con una fuerza viva y rebosante de significación.
Con la llegada del informalismo las cabezas se movieron entre rocas, arenas, lavas, cráneo geológicos, huellas, capas, indagando, caminando de noche y de día a lugares remotos y por superficies de dolor y sangre.
Para el rumano DAMIAN, como para muchos otros, entender esos rastros y estigmas orogénicos y transplantarlos a los espacios que le son ajenos es una prueba magistral de unos logros creativos que fuesen una eternidad tiempo abajo.
Las obras de este autorexigen un estallido y densidad que rebasen la mirada, que se ha de impregnar de esa masa ya fría, petrificada y rebosante de signos tatuados en su piel, acuchillados en sus entrañas hasta que sean señales robadas al dios tiempo.
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