¿Qué hacen aquí todos estos pequeños monstruos? ¿Qué nos intentan arrebatar? ¿Es un montaje visionario de lo que amenaza a nuestro futuro? ¿Qué hacemos desnudos e inmóviles, suspendidos en el techo o en posición horizontal o vertical, extrañados y desconocidos unos de otros?
El artista Gormley nos ofrece unas instalaciones en las que lo extrínseco es el marco escénico en donde transcurre la acción y lo intrínseco lo constituye la percepción del espectador para captar una experiencia de naturaleza antropomórfica, metabolizarla y a partir de ese momento confrontarla consigo mismo.
En pricipio, hay una aparente irrealidad en esta renovación de los patrones visuales imperantes, aquellos que todavía ahora sin su ayuda nos arrojan a una confusión de perspectivas carentes de pensamiento comprensible o al descarrío en parajes que desdeñamos por su caos de objetos y contenidos. Apenas nos son inteligibles y perceptibles las sensaciones que fluyen en ideogramas espaciales hasta que nos la encontramos de repente ante nosotros.
Humberto, por culpa del apagón, ha estado pintando a oscuras toda la noche, me ha dicho. Y lo que al principio era muy difícil, al final se hizo fácil, pues fue ella la que determinó el curso del acto y de su proceso. Lo que ha dado a luz no lo sabemos pero nos dejamos llevar por la intuición. ¿Será eso un nuevo comienzo? El penúltimo adiós del Malecón nos lo anunciará.