Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
HERVÉ TELEMAQUE (1937) / CUANDO LA PINTURA DISFRUTA
El queun haitiano en París se enganche al disfrute y a la pasión por la vida dejando esa huella en una obra pictórica y escultórica podría ser raro pero no lo es, lo que sería extraño sería lo contrario tratándose de un gran artista.
Por eso TELAMAQUE oficia la ceremonia con un rito jubiloso, danzarín, alborozado, como queda de manifiesto en cada uno de sus trabajos, que, en colores planos, ensamblan elementos dispares que descubren afinidades o asociaciones plásticas en el momento que salen a la luz.
Podemos incluso considerar determinantes los aspectos expresivos que toman las formas cuando éstas han alcanzado libertad de acción y pensamiento, cuando se alzan ante nuestras miradas y se equiparan con entusiasmo al desánimo presentido y en esta ocasión equivocado.
Es más, nos dan la impresión de que en ese medio en el que quedan en suspensión, ríen en tanto son reales, gozan en cuanto están a la vista, y en eso consiste su trascendencia y significación formal, en depararnos otra perspectiva desde la que ligar y cohesionar visión y sensibilidad para orquestar procesos desde sus mismo orígenes.