Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
JUAN JOSÉ AQUERRETA (1946) / SÉ MEDIR LA INTIMIDAD
Un poeta escribió que la luz desnuda (y también se desnuda) con modales de niebla, y habría que añadir que es la meditación de ser y de existir la que está viva en el lienzo.
Después del fulgor plástico que ruge, viene a nuestro encuentro el navarro AQUERRETA a enseñarnos que el silencio se ve entre las brumas, que la soledad es la percepción del enigma de la luz en la sombra, que el horizonte es un paisaje que nace al revés.
Es una pintura que capta, en su dimensión esquemática y sintética, sensaciones ya remotas y vivencias inmediatas, ecos sin ropajes y disfraces, penumbras que ya no piensan, sólo se alejan y sienten.
Obra en que hay que involucrarse con la consciencia de que el tiempo transcurre despojando, extrayendo lo que habíamos considerado hasta ahora imprescindible y ya no lo es. Dejándonos con la mirada desposeída de lo redundante, pero con la inmanencia de lo intrínseco.
El autor sabe y conoce el oficio de distinguir, separar, precisar, y también sabe cómo hacérnoslo ver y contemplar. Sólo quiere eso, que hayamos entrado en la continuación y no en el fin.
Reblogueó esto en Vivencias Plásticas.
Me gustaMe gusta