Todos los artistas han entendido aquella afirmación de Schiller de que sólo mediante la forma es como se puede actuar sobre el hombre como totalidad. Y porque esa forma convertida en arte es lo que dilata nuestra percepción (Bergson).
Por tanto, el francés ETIENNE-MARTIN no sólo no lo desmiente sino que lo confirma acentuando y horadando los volúmenes, grabando y labrando tal que un artífice indígena, hasta que el registro de sus introspecciones y fantasías queden finalmente plasmadas.
Sea como sea, los pedazos se sellan después de encajarlos y en ocasiones pintarlos. No se desgarran por aquello que permanece en silencio, al contrario frenan y reparan lo que intentó separarse.
Por donde se miren esas piezas, el aire antropomorfista está presente, es una señal que toma forma, llega a corporeizarse en un camino irreversible que hace referencia a nuestra esencia, a lo que tiene de mito como de sustancia.

Se precipitan hacia su destino
Tumultos de un alud que arrolla y crea.
He aquí un desenlace. Sobrevino, carnal, este
Fervor que exige idea.
(Jorge Guillén).
Reblogueó esto en Vivencias Plásticas.
Me gustaMe gusta