Mis dibujos no sólo son ejercicios en los que afilo el cuchillo y el tajo en la estructura, sino el don que asegura la redención de una ofrenda altiva.
Que al joven madrileño ZAMORA le haya tocado lidiar con la capacidad de definirlos, clarificarlos, clavarlos en la sorna del báculo que hace el milagro de bendecirlos y enderezar sus atributos, sean o no huesudos, no es raro si tiene la prodigiosa capacidad de visión del engaño que se niega a estar ausente y sí de saber donde está el peldaño. Metáforas o metonimias, o incluso sinécdoques, que trepan por su mano y no le dicen cúbreme.
En sus dibujos hay un beso de amor y tierra para un vacío absoluto y un infinito sopesado en la distancia que se divide entre la sustancia y lo finito. Él mantiene ambos y seguirá perfilando estas inverosimilitudes en sucesiones que encierran el uno en el otro.
Fiesta y final de luz,
brillan los huesos en la cruz.
(José Lezama Lima).

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