El español MAX, residente en Los Ángeles, hace, en su obra, un ejercicio de estilo, con la habilidad de un predigistador de imágenes que a través del lenguaje cromático excitan un mensaje jugoso de significados que son el canto de lo impredecible aunque sí factible.
Juega sobre el significante con un proceso que tiene una única determinación: que no se le vaya por un resquicio o un fragmento que no esté sopesado y en asociación con un resultado que acabe compacto, pero en un hallazgo ni siquiera intuido.
Las modulaciones del colorido, la luz, la figuración reciben un tratamiento compacto, coherente y que lleva la firma de un sistema en el que el código de signos está para sacarlo de su dolencia y fijarlo en multitud de trastadas que causan el escepticismo del pavor festejado.
Cierto que no rompe hábitos, pero sí que son otros hábitos que nos producen otras secuencias sensoriales en las carencias de nuestras existencias.
Pero ahora recuerda, solamente recuerda.
Sea tu compasión, sin llanto y sin reproche
y sea, sobre todo, sin magisterio vano.
No clames tu experiencia.
Es tiempo de silencio y destreza piadosa.
(Gabriel Celaya).
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