Nos hacen caminar entre visiones cósmicas, aéreas y geométricas, tal como si fuéramos meros elementos de ellas en funciones de equilibristas en soledad. Nos hielan esos espacios en los que las líneas, escaleras, cintas flotantes, sean curvilíneas o en volutas, construyen una arquitectura galáctica prácticamente desnuda, fría, pero con una gran impronta plástica.
No hay ni nos deja otras referencias, su poesía marca una composición entre colores pausados, derivados de su papel comprometido por la ubicación y su acción dentro de un contexto tan ilusorio como especulativo y procesador.
Para la pintura de la española INSERTIS, la experiencia nace de múltiples connotaciones y áreas de investigación, que en absoluto merman su encanto y los términos de lo que es una producción visiva como primera y real premisa, lo que concierne a un imaginario que busca su energía e identidad en la ficción más estática y deshumanizada.
Blanca la faz, sin el dolor lascivo,
sin el sueño prendiéndose a la mente.
Ya sobre mí, callado eternamente,
la rosa de papel y el verde olivo.
(Eugenio Florit).