Nunca hemos llegado a desentrañar a la abstracción informalista porque en el fondo ni lo desea ni lo necesita. Sobre su misterio o no misterio, sobre su secreto o no secreto, recae todo el peso contemplativo y reflexivo.
El caso del mallorquín VERGER no es una excepción. Desde el punto de vista formalista es una indagación que se mantiene constante. Desde una óptica vital y hasta doctrinaria podemos deambular echando mano a una retórica vacía.
De lo que se trata en definitiva es de que su obra complete en nuestro imaginario lo que nos falta, esa percepción de lo que llegamos a intuir pero nunca damos con ello. Con eso es suficiente.
Porque se tiene conciencia de la inutilidad de tantas cosas
a veces uno se sienta tranquilamente a la sombra de un
árbol -en verano-
y se calla.
(Ángel González).