En el anterior post dedicado al artista español SEBASTIÁ hacía hincapié en una formulación muy enconadamente expresionista de sus rostros. En esta ocasión la perspectiva a señalar se toma desde otra inflexión de su obra con esos cuerpos manchados, desguazados cromáticamente.
Lo cierto es que se trata de un deshilachamiento que señala una discordia, una turbulencia que estructura en dos planos que no mantienen una unidad porque su significación, para ser más expresiva, la hace imposible. Hasta el mismo autor se ve arrastrado por esa tromba que al final le sumerge.
Sin embargo, esta nueva configuración parece más bien una estación de tránsito, aunque en movimiento, necesaria y deudora de la modernidad y de su continuidad, con ciertos visos orientales, precursora, probablemente, de innovadores ámbitos que empiezan a despertarse.
Cuán verde es el cadáver
que nos resucita
(el orgullo la humildad suprema
veintitrés clavos
han anudado al fin este cuerpo a la nada
en ella nado
y que el silencio me bendiga
señor de mi locura
(Leopoldo María Panero)
Siempre es un placer que se acuerden de uno. Curiosamente ahora estoy trabajando en un proyecto nuevo desde Pekín. Así que no ibas muy desencaminado.
Gracias
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