Cuando veo alguno de estos paisajes, recuerdo unas palabras de De Chirico, en las que estoy por una vez de acuerdo: todo objeto tiene dos apariencias, la de todos los días que vemos casi siempre y que es lo que ven las personas en general, y esta otra , espectral o metafísica, que no perciben más que raros individuos (sic) en momentos de clarividencia y de abstracción metafísica.
Estos paisajes del cántabro QUINTANILLA tienen esa cualidad interna que es inexplicable y no obstante él quiere apegar a la tierra a través de esos papeles escritos que pega en el lienzo, quizá también para decirnos que ninguna interpretación puede rebatirlos.
En el fondo son mensajes plásticos muy depurados, con identidad propia, con la experimentación de saberse un grado más allá de una realidad de la que parte, pero en la que ya no confía a la hora de establecer una propuesta en la que puedan erigirse como referencia de sí mismos.
Entonces viene las contradicciones o sea la razón. El mundo existe
con manchas, sin azar, y no hay conjuro
ni fe que lo desmienta o modifique.
(Mario Benedetti)