La acuarela en manos del francés VILLENEUVE adquiere una realidad pletórica, como si sus paisajes, arquitecturas, ciudades, ríos, tuviesen la capacidad de hacerse de nuevo, de recrearse y perfeccionarse, incluso de purificarse, suprimiéndole todo lo anecdótico y accidental.
Sus perspectivas, sus consistencias flotantes, etéreas, hacen de su obra una inmersión en una visión que no habíamos captado, en una semblanza que no habíamos hallado, tan sutil como una reminiscencia de un relato no escrito, inédito.
Como fruto artístico, su obra y su plástica es tiempo e historia, símbolo de un placer de descubrir y encontrar, de revelación y conocimiento. Es esa certidumbre que no tiene extravío sino la medida de un canto.
el recuerdo del mar cuando no hay mar
nos desventura la insolencia y la sangre
y cuando hay mar de un verde despiadado
la ola rompe en múltiples agüeros
(Mario Benedetti)
Son preciosas. Gracias por compartirlas.
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