Matise le confesó una vez a Gillaume Apollinaire que nunca había escapado de la influencia de otros. Idéntica confesión podría haber hecho, sin menoscabo ninguno, el artista barcelonés PRUNÉS, que en su obra nos muestra, con una geografía admirable del color, como en los tiempos de la soledad caben metáforas indestructibles.
Grandes espacios, globos suspendidos, mansiones aparentemente deshabitadas, como si hubiese una historia que ya no existe ni nadie para contarla. Solamente la plástica de unas imágenes desesperadamente bellas en su ocaso.
No se encuentra únicamente una serena factura visual en estos trabajos, perfectamente concebida y pensada, sino la determinación de llegar a una simbología del lugar inexistente -aunque no lo sea- de tan solitario y al mismo tiempo tan permanente.
Olvídense de mí, de mi caliente
sistema muscular, de mi apellido
perdiéndose detrás de lo perdido
con una arruga en medio de la frente.
Juan G. Ferreyra Basso)