Lo físico, la materia, puede convertirse en texturas etéreas, buscando un lirismo que renueve la mirada con esa ingravidez que mancha nuestras superficies.
Lo que pretende la abstracción de la barcelonesa RAMONEDA es deshojar las evocaciones, dejarlas como signos rugosos de unas vivencias que se han quedado en el espacio como un rogatorio de huellas y gemidos, de paisajes y vidas.
Una abstracción que desoye gritos y tumultos, solamente invoca, alude e insinúa. Cabe incluso que sean murmullos del ojo o letanías de cuerpos mutilados.
Hay una poética de lo informe, de lo que únicamente es rastro, de lo que no puede ser otra cosa que un ánimo que siente una bruma que se aplaca rasgando, arañando, penando.
Yo hijo de labores incompletas y regiones extrañas
hijo de sementeras errantes y de matrices ansiosas
hijo de hembra fosforescente
no quiero morir bajo mi piel
bajo mi voz
para vociferar en la sombra tras esos ventanales inmensos
y empañados donde apoyan la frente criaturas de
muralla y de lluvia….
(Enrique Molina)