Es cierto que al dar vida a una forma el artista la hace accesible a las infinitas interpretaciones posibles. Una vida humana y animal que se manifiesta con una fraseología alegórica, incluso edénica, por más preguntas que formulase, pues lo consigue con la clarividencia de un dibujo que se nos mete en las entrañas.
La colombiana CÁRDENAS oficia de humanista y hasta renacentista en su obra, si bien le da el rasgo propio de una transparencia que nos invita a acariciar, a dejar que nuestros ojos y nuestras manos se posen y toquen para captar las vibraciones y los latidos.
Las pieles muestran esos puntos o agujeros a través de los cuales percibimos y hasta oímos porque nos hacen entrar dentro, no fuera, y sabemos que las líneas, los contornos son incluso nuestra metamorfosis ya que al fin y al cabo ellos también están en nuestro interior y rezuman el lenguaje de las vísceras.
NO lo sabía:
y en el duelo yo era el muerto.
Me despertó de pronto
mi plañidera voz, casi perdida al fondo,
como el eco que un día no terminará nunca.
(Antonio Quintana)