Hay un mundo introspectivo, misterioso, enigmático en el vasco ZURIARRAÍN, lo enseña con el asombro que nace de él mismo según lo va configurando, según las formas van tomando rasgos indecibles, a modo de organismos que se alimentan de sí mismos.
No nos impone ninguna duda en cuanto a esa jungla que compendia un campo visual de angustias e interioridades, que tienen una dinámica propia, una coloración casi cifrada, una promiscuidad que no es más que la identidad de su naturaleza.
Microcosmos cerrados, ámbitos marcados por un acervo que desbroza todo lo que encuentra hasta salir a la superficie, porque en su aparición está oculto un destino que no se transmite más que a través de esta representación que se nos desnuda sin habérselo pedido.
Un dios burlón en ti lee entre líneas.
(Lorenzo Oliván)