Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Cuando la luz queda atrapada en la superficie, se abren innumerables ramales plásticos que sensualizan los elementos de la naturaleza hasta sentirlos desde el exterior caminando hacia un espíritu que sin saberlo los está buscando para inundarse de un paz interior y de un dominio físico del ser.
No cabe duda que el madrileño BARCO, como buen hacedor, está poseído del numen requerido para dar a luz esta génesis marina que nos invita a compartir una mirada que se cierne sobre ella en la búsqueda del interrogante infinito de la propia creación, de un cosmos que se materializa en una de sus múltiples manifestaciones.
El acierto en el proceso y culminación de la práctica artística en estas obras, por lo tanto, es lo que hace posible que ante ellas nos llegue una trasferencia sensorial y hasta epicúrea, que nos impele a ver hacia dentro en un ansia de articularlas en un imaginario que dé vivencia al rincón más oscuro.
Gran parte del tiempo se vive entre el no saber qué hacer y el querer saber cómo poder hacerlo.