
- El argentino SURACE consigue que el estruendo de sus murales se vea en toda la calle. Luces y sombras brotan en el día y en la noche, pero siempre alumbran la mirada hambruna de un transeúnte sin ojos.

- Ejercen la fascinación en unos tiempos de miseria y terror, y son el esplendor de unos signos en el muro ante los que hasta la muerte se ha detenido para desaparecer cuando la sonrisa cambia de brillo.

- Pueden ser como alegorías de colores y grafías que rasgan la ciudad en un renacer de lugares que guardan del olvido de una fantasía, de la realidad de un presagio que sirve para convocar a todos al regreso.

- Tristes armas
- si no son las palabras.
- (Miguel Hernández)
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