Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
MARCEL POUGET (1923-1985) / YA ESTOY AL BORDE DEL BORDE
Al enfrentarme con el soporte veo dentro de mí mismo y al mismo tiempo del de todos, esa condición cenagosa que no para de crecer y rodearnos, monstruonizándonos y sometiéndonos a una brillante corrupción cromática que sea todo lo elocuente que se pueda regurgitar.
Han dicho que si un artista tiene el valor y la melancolía de verse a sí mismo y aquello -el horror- que puede ser su derivación, puede enviarse a un lugar temible y hermoso, pavoroso y rutilante, a un infierno de sombras y luces en los que habitan el conocimiento del arte y su constante renovación.
Así es como el franco-argelino POUGET tuvo esa valentía y audacia, esa insolencia e inclemencia, ese rugido de incandescencia, esa ciénaga sin trampa, sin otro sueño que acabar con el rencor y la rabia cumplidos.