El andaluz CORTIJO fue comunista cuando no se podía serlo, aunque lo primero era ser libre. Fue perseguido pero no ordenó perseguir. Y era un utópico de los que no esperan en vida lo posible ni lo probable.
Y en este sentido viene a colación una precisión de Calvo Serraller:
«Todo ello indica hasta qué punto el arte interesa no sólo por sí mismo, sino por la capacidad que puede poseer de subterránea o intuitiva captación de cuanto ocurre en el hombre, incluso en ámbitos ajenos al artístico, en la medida que le es posible sintetizar las preocupaciones globales de una sociedad y profundizar en las mismas».
¿Cuáles eran entonces las vivencias de este artista en su tiempo? ¿Quería significarlas a través del llamado realismo social? Pues bien, detengámonos en su obra y observemos la mácula de la tristeza, el hambre, el grito, la pobreza, la resignación y la angustia…
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