Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Si el artista logra mostrar su ser más íntimo en su obra, hallaremos que hay secretos que al confesarse registrándolos en una visión tocan precisamente una problemática existencial que siempre está presente.
El frencés PONS fue un dibujante excepcional capaz de transcribir sus propios sueños, pero elevándolos a una fantasía que abarca los confines más extremos de lo humano fuera de sí mismo.
Y al mismo tiempo que sueña, revela y descubre, en aras de agitar las aguas de unos enigmas que asaltan nuestra conciencia y la hacen desbocarse por derroteros insólitos.
Ni nuevo cielo, ni nueva tierra, ni siquiera un ángel para abrir el pozo del abismo.
Nelson Goodman dice que en un lado está la sensación, la percepción, la inferencia, la conjetura, la inspección e investigación insensible, los hechos y las verdades; en el otro, el placer, el dolor, el interés, la sarisfacción, la desilusión, todas las respuestas afectivas no cerebrales, el desagrado.
El francés MARTIN ha desterrado tales conceptos de su mente y ha dibujado y desarrollado en un firmamento entes que vuelan, se mueven, se delinean, crean sus propias danzas y coreografías.
Podríamos señalar que traduce nuestras propias ansias de huir hacia esos mundos estelares no ligados a la tierra, no vinculados a un mundo que se desmorona y que tiene en el bambú una salvación más allá del espacio.
Hay que incluir la desaparición del silencio entre los imdicios anunciadores del fin.
Dentro del conocimiento la razón se basa en el entendimiento, éste en la imaginación, que, a su vez, se apoya en la sensibilidad, pero ésta lo hace también en la imaginación. En definitiva, sin imaginación no hay entendimiento, ni razón ni sensibilidad.
Desde el Renacimiento, la humanidad no ha hecho más que esquivar el sentido último de su caminar, el principio nocivo que en él se manifiesta.
Cuando estoy ante una obra como la del sirio MOURAD, opino lo contrario que Hegel, en el sentido de que el arte es el modo supremo en el que se procura su existencia la verdad y no al revés.
Una plástica de la reconstrucción en unos dibujos que escenifican pasados y culturas que se debaten con otros que significan destrucción y desolación.
Estamos extasiados antes unas piezas que nos penetran tanto en sus significantes como en sus significados, tanto en su lenguaje como en sus recursos, tanto en su imaginación como en su infinitud.
Las épocas curtidas por la interrogación metafísica siguen siendo los momentos culminantes, las auténticas cimas del pasado.
Decía Bachelard que la imagen de la forma es ligera, movediza, cambiante; la imagen de la materia es una fuerza de nuestro espíritu que ahonda en el ser y busca lo primitivo y eterno.
Al cubano ÁVILA la abstracción le sirve para indagar sobre una materia que se vuelve ligera, ágil, volátil, polícroma, y le permite culminar una obra que es como un acuario de texturas, formas y gamas cromáticas.
Ejerce una fascinación que denota, que transfiere, fluye, revela, se hace topográfica de una naturaleza insólita, profunda y cargada de mensajes sin cesar.
Después de tantas conquistas y hazañas de toda clase, el hombre empieza a pasar de moda.
Decía Nietzsche que, ahora, mediante las obras de arte se pretende el reposo a los pobres agotados y enfermos del gran Vía Crucis de la humanidad ofreciéndoles un instante de voluptuosidad, una pequeña embriaguez y locura.
La obra de la norteamericana WELD eso es lo que procura, un sosiego para ella misma y para los que la miran, un sumario cromático de tramas, urdimbres y texturas.
Son tonalidades, en suma, de paisajes mentales que bajo una intuición lírica despiertan la pasión por lo pictórico, la placidez de lo plástico, el transcurrir de lo apacible.
Todo indica que la humanidad va cuesta abajo, pese a sus logros o, mejor dicho, debido a ellos.
Las obras del israelí constituyen ese éxtasis pictórico que nace de la crueldad, de la maldad, de la bestialidad, de la violencia de una humanidad que pide su extérminación a gritos, aunque salvando los textos de su legado e historia.
Las etiquetas que se le pueden poner a esta producción son muchas, entre las pricipales las expresionistas y románticas, pero lo imponderable es esa fuerza, ese ethos, que nos hace estremecer ante su visión, sin poder desemberazarnos de ella.
Todo ello merced a una cualidades y calidades plásticas y artísticas del artista que ahondan en una singladura pictórica que partiendo del románico llega hasta hoy para recordarnos lo que hemos y sido y todavia somos.
El hombre hace la historia; a su vez, la historia lo deshace a él.
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