Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Un autor ha explicado que el proceso mediante el cual los colores y las formas se hicieron depositarias de la idea pictórica desembocó de manera lógica en el arte abstracto.
Mi reseña nunca podrá igualar al texto que le dedicó en ARTEPOLI mi amigo, el crítico y artista Ángel Alonso, a este artista cubano, CABRERA, pero no sería junto omitir en este espacio a un creador de resonancias impulsoras de la infinitud.
Su obra nos señala que cuando a la abstracción se compagina con una figuración virtuosamente perfilada, existe una visión que simboliza el halo de una realidad que nunca deja de engullirse.
Sus gamas cromáticas tienen una clara seña de identidad y son pensamientos que se suscitan al penetrar en la hondura de su nubosidad, en la espesura sus turbulencias, en el despertar de su eclosión.
Se ha dicho que a lo único que se le puede exigir a una obra de arte es que responda de una manera aceptable a la voluntad de forma, -es decir, al objetivo estético-que su autor se ha propuesto.
A la americana GECHTOFF sólo le constaba que sus obras no fuesen objetivos sino lenguajes cromáticos que en sus diversas variaciones se comunicasen entre sí y proyectasen esa sustancia viva y fluctuante que desde una superficie pálida habrían de infiltrarse en nuestro tiempo y espacio.
Sus manchas y tonalidades pasan de controlarse a descontrolarse como si fuesen tránsitos sujetos a una infinidad de emociones, a unos procesos que simultáneamente basculasen desde lo salvaje a lo dócil, de la incertidumbre plástica al encanto pictórico.
El vientre es el encargado de cumplir con las grandes solemnidades. El hombre tiene que recurrir a la materia para pagar las deudas del espíritu.
Mi amigo, el escultor FERRÁN SORIANO, en estos momentos difíciles en que le han despojado, después de décadas, de su taller y casi de su vida, todavía no se rinde, como lo demuestra su exposición Esquitxos en L´Harmonía del Museu de L´Hospitalet, en la que una vez más da rienda suelta a una creatividad que constituye la base de su emoción estética.
La fuerza impulsora, el ethos de su obra, está dentro de cada de las esculturas que culmina y que tienen como voz profunda una voluntad firme de forma y realidad dentro de un espacio dado.
Toda su definición plástica radica en una materia concreta que, al operar sobre ella, el artista sabe como moldearla, estructurarla, articularla, para que en ella se alce una pasión tan conminatoria como la carne, tan imbatible como su movimiento en el vuelo, tan indestructible como el que el espíritu que le ha dado vida.
Él tiene muy claro que en toda su trayectoria la razón de hacer comenzó desde niño, se acrecentó con el tiempo y las vivencias, maduró con la experiencia y su historia, y al final, como toda obra artística que se precie de serlo, ha establecido contacto, como dice Malraux, con la sangre, el misterio y la muerte.
Querido FERRÁN, debes seguir sin rendirte porque eres incapaz de hacerlo.
El arte y nosotros necesitamos un nuevo cambio de vida para así experimentar con la recuperación de otros alientos.
¡Miraos, insensatos, a vosotros mismos, y en vuestra frente veréis vuestro propio epitafio! ¿Vais a ver a vuestros padres y a vuestros abuelos, cuando vosotros sois los muertos?
Hay obras en que el artista tiene el propósito de que ellas vayan activándose, construyéndose, identificándose, materializándose, hasta culminar su ser.
Esta premisa de partida es la que el hispano-venezolano MORERA contempla a la hora de abordar el proceso creativo, dejando que todos los elementos que vayan a formar parte de sus creaciones se coordinen al objeto de configurar ese punto final de simbolización.
Con una técnica basada en el collage, su producción plástica conforma colores y formas, objetos y texturas, espacios y simulaciones, hallazgos y reflexiones.
El cementerio está dentro de Madrid. Madrid es el cementerio. Pero vasto cementerio, donde cada casa es el nicho de una familia; cada calle, el sepulcro de un acontecimiento; cada corazón, la urna funeraria de una esperanza o de un deseo.
Lo que el llamado arte abstracto significa para mí es el lenguaje de la lógica del color-espacio como patrón de un tema común en tanto que tema libre universal (Stuart Davis).
Así es que al amanecer un día de Difuntos no me asombra precisamente que haya tantas gentes que vivan; sucédeme, sí, que no lo comprendo.
Las criaturas de la australiana POCCININO se conciben en este mundo y en el otro suyo. Se han materializado para que al verlas comprendamos que no están esperando en el que va a ser también nuestro.
No es que pertenezcan a una especie terrible, todo lo contrario, su belleza vital es el espejo al que se le ha dado otro contenido y otro espíritucon el que establecer contactos y diálogos visuales.
Que su apariencia y contextura dé lugar a discursos genéticos, biológicos, filosóficos y hasta étnicos ya es otro cantar, al cual no me sumo porque carezco de voz.
Los facciosos, sobre todo los más talludos y los vástagos, se agarran a las cajas de fondos de las administraciones.
Debe estar conectado para enviar un comentario.