Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Tiene que haber una condición previa para la cognición y apreciación delarte que esté orientada hacia la noción de los hechos y las relaciones reales de la vida con todas sus trepidaciones y tensiones, según Grosz.
Schiller decía entonces que el arte es hijo de la libertad y sólo quiere recibir sus órdenes de la ambición de los espíritus y nunca de los menesteres de la materia.
Pero el arte debe una parte importante de sí mismo a la materia y a su génesis, a la que, como el británico WYNTER, dotó de ser y plástica, de criatura en evolución.
Contemplando las obras de este artista asistimos a un fenómeno visual que tiene mil recónditas significaciones, un recipiente de efluvios y sensaciones, de enigmas parapetados tras una abstracción contenida, de rasgos equilibrados y armónicos.
Decía Boccioni que no puede haber renovación alguna en el arte si antes no se renueva su esencia, no siendo suficientes las creencias fervorosas que no determinen unas líneas de futuro.
La china sí es una fervorosa creyente a la hora de abordar en su obra esa metáfora de nubes de aves que se desplazan, vienen y van, y danzan en el interior de un espacio aéreo como si estuviesenen un templo de creencias orientales.
Son retazos multicolores y apenas unos desgarrones e hilos que forman círculos a unos pensamientos y rezos volátiles, a unos descubrimientos que revelan un yo sublime y místico, cuya liturgia es un simple murmullo plástico.
Tras los bastidores del mundo del arte existe un negocio cínico de cara a los iniciados; y de cara al exterior, gestos sacerdotales de promotores de la cultura.
Sea o no cierto que la creación de formas significa vivir, su búsqueda es dar con la expresión de fuerzas misteriosas bajo su esencia más secreta e intrincada.
El filipino CORDERO ha buscado y ha encontrado fundiendo lo popular con lo simbólico, lo culto con lo mítico y misterioso, la creencia con su manifestación más extrínseca, y lo plástico con una visualidad más reciclada y contemporánea.
Es una obra conformada por compendios remotos y actuales, y por la concepción de un virtuosismo colorista que tiene unos moldes estilísticos un tanto efectistas.
Uno de los grandes propósitos del arte es la propuesta y la exploración de realidades insospechadas, proporcionando los sentidos la materia del conocimiento y el espíritu la forma.
El británico HARRISON es un virtuoso ejecutor de ese principio, en el que la extrañeza da a su plástica el vigor de una depurada e insólita transfiguración sin alegorías a las que asomarse.
Es fácil caer en la seducción pictórica que entrañan sus imágenes, hasta preguntarse si la percepción con la que las observamos nos tiende trampas en las claves y en la visión.
La nómina de del expresionismo americano es mucho más amplia que la hasta hoy conocida. Muchos han quedado olvidados y a otros se les está rescatando.
Este es el caso de ruso-americano KOTLIN, cuya obra es una vocación de la materia cromática en todos sus gestos, luces, rasgos y definiciones en una exploración incansable de una fisionomía inescrutable.
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