- La autocrítica frecuentemente ha de imponerte sanciones cuando tu incapacidad te conduce a una fraseología hueca que distorsiona la integridad expresiva de la obra.
Y, sin embargo, con el cántabro SAÉZ no puede ocurrir esto mismo por la razón de que el valor absoluto de la forma y del color, que diría Hans Purrmann, nos hace percibir la tensión que se palpa en esa intensa y degradada coloración figurativa y abstracta, cuyos tintes están íntima y simultáneamente soldados a un proyecto de rescate y sombras.
Las texturas y tramas están como cinceladas, tal que signos de refugios que sirven como sucesores estéticos de las sensibilidades e iconografías de otras épocas, y que ahora devienen retratos de tiempos de hoy, que son de amargura y depresión, y que en sus magmas viscerales conservan desventuras de misceláneas desenfrenadas.
JOAQUÍN RUBIO CAMÍN (1929-2007) / UNA APUESTA CONSIGO MISMO
Por eso lanzaba con sus hierros exclamaciones verticales al cielo en búsqueda de una inyección de sueños. O departía con seres innombrables después de esculpirlos. No entraba en sus perspectivas reducir los encuadres, fundirlos en un único tratamiento, perdería su condición telúrica si incurría en ello.
El imaginario, agente insatisfecho, nos devora precisamente en aras de trocar la materia, de obligar a narrarla y concebirla conforme al tiempo y la realidad de su existencia en cada instante, abriendo con ello la modulación de un espacio que aguarda su configuración con portentos físicos que formarán parte de nuestra visión.
He ahí, por consiguiente, esa maquinación del autor, ya alertado nuestro conocimiento de espectador, que en aras de una ramificación aérea, inventa y derrama una auténtica filigrana de naturaleza invencible.
En definitiva, sus obra aparecen como fetiches metafóricos de lo ligero, erecto y grácil, o como entes alegóricos de lo voluminoso, corpulento y recio. Circunscripciones de lo que siendo desconocido nos es familiar y afín a la mirada.
>JUAN ANTONIO RODA (1921-2003) / BORDEANDO ABISMOS
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¿Qué esperamos ante un universo grabado de autopsias de monjas en delirio, de desconocidos fichados, de amaperros amputados, etc?
- ¿Qué es lo que configura la estructura y significado de estas obras? RODA, el español nacionalizado colombiano, ha sido muy escrupuloso en sentar una verdad completa sobre la pátina tenebrosa que se extiende plástica, ideológica y poéticamente sobre ellas.
Por eso nunca podré entender esta declaración de Leo Kofler, cuando asegura que el arte moderno, pseudocrítico y por tanto acomodado en sus últimos efectos al mundo burgués, desemboca en el nihilismo capitalista tardío que transforma ontológicamente el ser en una nada eterna.
En este caso, y sin ir más lejos, no podemos hablar de una nada sino de una visión que si no se confunde en su principio, sí tiene un final. El de una catarsis que abraza sufrimiento, éxtasis, terror, identidad, muerte y silencio. Constancia telúrica de lo que queda y se plasma si el artista ha bailado en los bordes del abismo, no ha perdido detalle de su alucinación y destino, de lo que ha vivido y lo que ha visto y soñado.
LOS HERMANOS ROSCUBAS (1953) / VOLUNTAD Y FUERZA
Hay concepciones antropológicas que nunca descansan, su proceso de transformación es ilimitado. Su difusión da lugar a renovados contextos de captar un territorio visual, totémico y amplificador de la creación, soporte de valores humanistas indelebles.

Las esculturas emblemáticas de los hermanos ROSCUBAS concilian un modo histórico e icónico de existencia que preserva la transmisión del pasado con la ficción del futuro.

Están, por supuesto, invadiendo una superficie en las que las criaturas tienen un cerebro que habla en longitudinales de color cuando ya son adultas. Y su visión concita y provoca diálogos a base de introspecciones ópticas, con lo que la mirada entra en el reino de las confesiones posibles e imposibles, lo que confirma lo que ya sabemos: que somos incapaces de no dejar huellas.

Ahora, en el terreno de las confidencias, debería acusarme de que frecuentemente sustituyo la obra de arte por los sentimientos y vivencias suscitadas por su contemplación. Pero ¿no es siempre así? Pues no, aunque bien es cierto que entonces pasaríamos a otro nivel de análisis.

>JESÚS DE PERCEVAL (1915-1985) / SOY INDALIANO
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El inspirador del movimiento indaliano almeriense era por encima de todo una fusión de las corrientes imperantes con lo mediterráneo, su cultura, su historia, su arte milenario. Asimiló esos cánones y desde ellos salió a cultivar lienzos, a pigmentar telas tales que cuerpos de luz de vírgenes bañadas y emergidas.
Ahí, quizás, residieron sus exploradas limitaciones, buscadas y conseguidas, refrendadas por una conjugación cromática que festejaba los clamores del alba. Se nutría de genes predispuestos, fáciles de hallar pero difíciles de fecundar si no se disponía del instrumental pictórico preciso.
De vez en cuando agarraba otro enfoque para sembrar el motivo, sin esperar que creciese, no hacía falta, únicamente era asomarse y allí estaba, aguardando, paciente, el hecho, que podía ser una huida, un incendio picassiano o un carnaval.

Fue un artista incansable que parecía que siempre hacía lo mismo y después resultaba que nada era igual, que cada momento plástico era único, que respiraba abierto en sí mismo. Alguien podría decir que sólo nos dejó conocer el lado amable de una tierra olvidada. Mas podría ser que no, que debajo del candil también hubiese sombras.
MIGUEL ORTIZ BERROCAL (1993-2006) / ENSAMBLAJES CORPÓREOS
La idea determinante es el acoplamiento. De esa articulación nace, en un proceso de ajustes y encajes, la fisonomía férrea de un cuerpo, manifestación explícita de fuerza y energía.
El español ORTIZ BERROCAL se remite a una ley de sucesión para erigir sus ídolos y guerreros descabezados, proporcionándoles una ubicación contemporánea y una configuración metálica que simbolice fortaleza y resistencia, delimitación en el lenguaje de las opciones de una energía siempre latente. 
Con el fin de que su presencia sea fruto de una síntesis de logros, las formas no se separan de sus arquetipos, no descollarían sin ellos, es más, se vaciarían de nuevo. No se entendería que cada pieza tomase un rumbo distinto.
Incluso hay elementos que son definitorios, como las junturas, que concretarán la obra en su desarrollo, marcarán los hitos y señalarán las extensiones y el peso que conformarán la escultura hasta sus últimas consecuencias.
En realidad, la contemplación que requiere la visión de estos iconos suscitará el perfil de la emoción precisa que será el sustento de ese entendimiento que no parará de crecer hasta hacerse adepto.
>JAUME MUXART (1922) / NADIE TIENE QUE DECIRME DONDE DEBO ESTAR
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Contemplando la obra del catalán MUXART me cuesta creer lo que muchos afirman respecto a que el arte sólo interesa a los que lo crean, a los que obtienen beneficio de él, a los que lo coleccionan y a los que lo estudian y analizan.
No considero que sea cierto porque si bien la eternidad se oculta, el tiempo se manifiesta. Y el arte es tiempo, también eternidad, por eso no se puede negar que funciona como un genuino avatar existencial. Lo que supone que tal y como percibimos estas piezas, no podemos negarle la transmisión de un cúmulo de ansiedades entre nosotros, espectadores, y ellas, pues encontramos en su interior una referencia expresa a microcosmos desvelados.
CÉSAR MANRIQUE (1919-1992) / ¿QUÉ ES EL INFORMALISMO?
>FRANCISCO LOZANO (1912-2000) / NO RENUNCIAR A LO VIVIDO
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Si he de pintor no puedo perder la memoria táctil, tectónica y visual de lo vivido y el donde ha transcurrido. Y no se trata de ser fiel sino de ser más que el hacedor de una lealtad que me frena. Seré detractor de mí mismo y devoto de la ilusión plástica que me embarga cuando la memoria es sólo un silencio alucinado de la mirada.
El levantino LOZANO, otra maravillosa excepción, ha revestido el color mediterráneo de su propia historia de contemplaciones, lo depura según una rememoración no escrita y sí revelada, luego lo plasma en paisajes que han esperado este momento para exteriorizar su propia biografía y éstos ya consiguen ser por sí mismos.
Antes de empezar la obra, el Mediterráneo y su cuenca esperan, abrazan al que viene a confabularse con él, a hacer de su claridad una ontogénesis de la que emerjan vestigios y alboradas sin esperas.
Deambulando, el artista, poseído del don cromático de la precisión y de la luminosidad centenarias, ha oteado lo sentido y presentido, ha percibido la quimera de sustantivarlo, de no dejarlo al albur de conjeturas, de volcarlo y obligarlo a vivir desde esos espacios que abren campos a la seducción de lo que estará siempre al alcance de un observador que sepa dotarlos de señas de identidad, de reflejos y ansias de goce.
- La obra de esta autor viene a significar tradición y la modernidad que la remonta, tiempo, oficio y resumen, un reclamo para seguir con los ojos las ocres incógnitas que nos depara una creación que no únicamente está pendiente de sí misma.
JAN SMETANA (1918-1998) / ESQUINAS DONDE ESPERAR
- En cada esquina cabe una parada ante excesivos laberintos. Pero además el checo SMETANA procura que continuar sus trayectorias con sus filigranas cromáticas se convierta en un camino sin otra vuelta que la tangiblemente marcada, no sin antes apurar ciertas alusiones cartografiadas.
- Son mapas que no necesitan insinuarse para alcanzar una aproximación pictórica precisa, pues bajo estas manifestaciones lo obvio sea desnudarse y aceptar su envoltura, invertir la sensación habitual desgranando los reflejos íntegros que despiden esas cubiertas condensadas.
- En cuanto calibramos sus efectos, la tensión decrece, se hace quietud y bonanza, y toma un rumbo resuelto hacia la templanza y a la confidencia compartida. Quizás podamos exigir más, pero entonces todo sería distinto, incluso un acopio excesivo que impediría otra mudanza imaginativa.

















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