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Sorprende por su crueldad ciertos comentarios de unos artistas sobre las obras de otros colegas suyos:
- MARCEL DUCHAMP sobre MARC CHAGALL:
- «CHAGALL sería capaz de cubrir a su madre de pintura azul si con ello pudiera ganar un puñado de dólares».
MAX BECKMANN respecto a KOKOSCHKA:
- «Las obras de KOKOSCHKA son mamarrachadas».
- MAX BECKMANN en relación a HENRI MATISSE:
- «Los cuadros de MATISSE me resultan de lo más desagradable. Son de una desfachatez alucinante. ¿Por qué no se limita a hacer anuncios de cigarrillos»?
- PAUL GAUGUIN de AUGUSTE RENOIR:
- «RENOIR nunca ha sabido dibujar».
- PAUL CÉZANNE en cuanto a PAUL GAUGUIN:
- «GAUGUIN no era pintor, sólo sabía hacer fruslerías».
- RENÉ MAGRITTE acerca de JOAN MIRÓ:
- «En 1926 coincidí varias veces con MIRÓ. Asistía a clases de boxeo por si alguna vez tenía que proteger su vacío intelectual».
FRANCIS BACON en referencia a PABLO PICASSO:
- «Me atrevería a decir que PICASSO es el gran genio del siglo XX, aunque el noventa por ciento de sus obras no tiene ningún interés».
- Y ALEXANDER ARCHIPENCO le dedicó a AUGUSTE RODIN estas palabras:
- «Su escultura me recordó a un trozo de pan masticado que alguien hubiera escupido al suelo».
Sobre su tumba de mármol habrá flores que den su perfume, sombras de arboleda y líneas escritas que digan quienes fueron y de donde vinieron. Y habrá quien repita lo que dijeron y recuerde lo que amaron.
Estamos ante la obra de un neerlandés, KOCH, considerado el máximo representante del realismo mágico. Y desde luego me rindo, pero no por un hechizo que nunca descubriré, sino por la fascinación de una propuesta que impone el ocultismo de una belleza fría e insolente contenida en la fealdad.
Si contemplamos detenidamente estas imágenes nos cuidamos muy mucho de quitarnos las máscaras, queremos que sigan camuflándonos, guardando un misterio que no nos atrevemos a descubrir, que tiene que continuar custodiado para que no haya nada que exteriorizar.

No se trata de convicciones ni de encuentros con la razón, sino de intuiciones que nos revelan estos retratos, derivadas de una verdad que se hace plástica gracias al encantamiento y al ensalmo. Son primeros planos que no tienen salida, no dejan un hueco en la ensoñación de la mirada en campos miríficos. Aunque bien es cierto que ni falta que hace.

En definitiva, que para eso están estos antisímbolos, para que la estética de lo prodigioso permanezca viva aunque sea con disfraz.
- En la lista de las veinte mejores obras de arte publicada el 30 de octubre de 2006 por el periódico británico The Guardian, las cinco que corresponden al siglo XX son las siguientes:
- 1) Guernica de PICASSO.
2) Número uno de JACKSON POLLOCK.
3) La capilla Rothko de MARK ROTHKO.
Dicen que la obra «Expectativas» del alemán RICHARD OELZE ha sido fundamental en la historia de la pintura. Una valoración quizá excesiva para el conjunto de un hacer rico en significaciones plásticas. Es indudable que en esos personajes que tratan de ver en un horizonte sombrío se refleje la incertidumbre del hombre del siglo XX. Durante el mismo la naturaleza humana se puso a prueba y perdió, por eso esos miles de ojos tratan de advertirnos que no atravesemos espesuras tenebrosas, tal como lo hace esa pareja, que seamos incapaces de descifrar. Pereceremos.
DIANA ARBUS, la fotógrafa americana, se atiborró de somníferos y se cortó las venas.
- El italiano FRANCESCO BORROMINI se arrojó, atravesándose el vientre, sobre una espada ceremonial.
- El francés BERNARD BUFFET se ahogó con una bolsa de plástico.
El español OSCAR DOMÍNGUEZ también se cortó las venas.

El holandés VINCENT VAN GOGH se disparó en el vientre.
- El americano GORKY se colgó de una viga de madera. Dejó una última misiva: «Adiós, amor mío».

La pintora francesa JEANNE HÉBUTERNE, se arrojó de la ventana de un quinto piso inmediatamente después de la muerte de su amado MODIGLIANI.

El americano ROTHKO fue otro que se hartó de antipsicóticos y se cortó las venas.
- El francés DE STAËL se tiró desde el balcón de su estudio.

El alemán KIRCHNER se disparó al corazón.
- El búlgaro JULES PASCIN se ahorcó en su taller.
- Y desgraciadamente muchos más. Bien es cierto que es una opción a elegir para el que es dueño de su propio destino. Debatir el que pueda ser una solución ya nos llevaría muy lejos. Pero sabemos que nos queda su obra y su memoria. Y mientras nos aguardan, que descansen como quieran.
Una parte de la obra de este pintor y muralista finlandés, GALLEN-KALLELA, no nos es nada extraña porque podemos considerarla en nuestra contemporaneidad, tal si fuese un cómic de ahora que narrase historias de sangre y fuego, de combate y muerte.

Otra parte es la plasmación de una búsqueda de realidad entre el erotismo y la dimensión inmarcesible que es el sueño de lo imposible, que es dejar que la muerte no tenga tiempo, se quede sin él, caduque, se haga ciega y sorda y no pueda realizarse.
No es una pintura que podamos olvidar, se mece en nuestra mirada con la verosimilitud de lo conciliado visualmente, de lo acordado entre presencias y ausencias, entre evocaciones y confluencias imaginadas.

Te admira el poder de una ilusión figurativa o la sensación de tomar lo táctil como un nuevo encuentro que has recuperado. No es vana la visión que te procura una fantasía que no elucubra, sino que toma base sobre un fondo de percepción tan íntimo, tan intemporalmente existencial. Quizás sea un adiós que se repite pero sin reniego.

¿Por qué un tribunal de Hamburgo todavía le permite a Hans-Joachim Bohlman entrar en un museo, sala de exposiciones o galería si tiene autorización previa y va con vigilancia?
- Se calcula que los daños ocasionados por este individuo al patrimonio artístico mundial se elevan a mil trescientos millones de euros. Se habló de que era un hombre depresivo, que había sufrido siempre de falta de cariño, lo que le había provocado un miedo irracional y un permanente sentimiento de culpa. En 1.974 una intervención quirúrgica estereotáctica le destruyó el tejido nervioso. Y en el año 1.977 tiró a su mujer por la ventana.
- Su arma preferida era el ácido sulfúrico, con el que arrasó cerca de sesenta cuadros, entre ellos, obras de Cranach, Durero, Rubens y Rembrandt.
- ¿Por qué hacer al arte culpable de su propio infortunio o delirio? No creo que ni él mismo lo sepa, lo que lo hace aún más terrible. Está claro que no ha sido tocado ni por el ángel de la guarda (¿o es un ángel caído?) ni por el sueño de Orfeo del cubano Humberto Viñas.
Hoy El Malecón tiene una fuerte pesadilla. Una manada de burros le cocean por todo el cuerpo. No hay forma de calmarles, ni siquiera con esas arengas tan pulidas de la que es capaz y que incitan a luchar quietos, no se vaya a mover la isla. Cuando despierta ya estamos lejos mi amigo Humberto y yo, no queríamos ser víctimas propiciatoras de su ira teocrática, sobre todo cuando estábamos todavía a mitad de una botella de ron.
Novelaba Miguel Ángel Asturias que en un instante de ausencia puede comenzar la eternidad. Para el belga SPILLIAERT ese instante es eternidad y es eternidad pictórica de sombras que cabalgan a cuestas de hombres y confines. Y aparecen caníbales de oscuridades y visiones, de noches infinitas de soledades y misterios.
El conjunto de la obra se encierra en sí misma como si tuviera temor o repugnancia de lo que hay afuera, en el exterior, de que hay un peligro o una atracción letal, ante lo cual debe ennegrecerse y enmascararse. Una búsqueda de introspección en la forma, en la organización plástica desde la cual se evoca e invoca para que el eco retroceda y no amenace más que con la resonancia del fin que aguarda entre tinieblas.

Eran tiempos de plasmar umbrales de desesperación, de desesperanza, de no confiar en rumbos manipulados, de que había que adentrarse a través de huellas ignotas y ocultas en el sentido iconográfico, en su naturaleza reveladora, apareadora de fuerzas incontenibles que se expresan desde esa vertiente que conecta existencia y arte en su elocuente tragedia.
El Malecón bostezó. Dentro, en la mudez nocturna, susurraban roces de carnes, vientres insatisfechos, rostros irresolutos. Mi amigo Humberto y yo palpamos el pecho aún en rebelión de una mulata parda que se comía la prisa por vivir. Esta vez sí que al amanecer bebimos leche y ron.

Para Gauguin, el color que, como la música, es una vibración, ahora es capaz de alcanzar el aspecto más universal, y al mismo tiempo más enigmático, de la naturaleza: su fuerza interior. Para el cubano MIJARES es un paso más allá en esa transmutación, en ese conjunto de cambios de formas y funciones que inciden en el sistema plasmado para que la interdependencia de signos y atributos, líneas y caracteres, levanten un homenaje a un modo de crear plástico.
No hay límites ni detenciones, tampoco desaires, es una formulación que se analiza desde lo oculto y secreto hasta lo que culmina en su manifestación, desde lo recóndito de la raíz mitológica, racial y visionaria hasta su conversión en un altar de la emoción visual.

El artista se ha imbuido de esa calidad de la vibración y lo enigmático con el fin de significar el poder y la potencia de percepciones acordes con un origen y una historia, incluso con un continente encerrado en una isla.

Podemos, en esa selección subjetiva que desde siempre ha caracterizado la crítica retórica (Valeriano Bozal), conferirle la definición de un estilo personal acentuado por la aprehensión de rasgos condensados entre la geometría que fija el esquema y lo versátil y mudable. Un acopio de sabios significados otorgarán a nuestra mirada de mayor penetración, inmersa como quedará de tanto misterio como el que le ha sido concedido.
- Una nueva hazaña nos aguarda, amigo Humberto. A partir de ahora deberemos borrar las huellas que dejamos con nuestros gestos. El Malecón ha dictado tal disposición con miras a que no le borremos sus rastros, que también serán los nuestros desde que sea efectiva, porque merced a ellos la historia le absolverá.