Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Rudolf Arnheim nos cuenta que los conceptos son imágenes perceptuales y las operaciones del pensamiento son el manejo de esas imágenes, imágenes que se producen a cualquier nivel de abstracción.
En el caso de la obra del madrileño FERNÁNDEZ PÉREZ, sus obras encuadran una abstracción desde la se puede divisar unas constelaciones cósmicas rebosantes de luz y color.
Los fluidos cromáticos y lumínicos alumbran una superficie que mediante su penetración y absorción toma una nueva naturaleza en forma de una radiación de lava y magma, que conduce a la mirada a unas percepciones que invocan el sueño de otra realidad.
La acción del pintor tiende hacia el logro de la obra bajo la presión del ansia y del anhelo, para lo cual se obliga a tomar un vertiginoso e incesantemeditar y trazar.
El coreano JOONG, pleno de ethos y espiritualidad, oficia como un sabio de la luz a la hora de afrontar la consagración de sus espacios con unas nubes sedosas y místicas que enarbolan la propulsión de un hemisferio inhallable.
Con una mágica irisación y relumbre cromático, la ofrenda plástica se hace una realidad sensitiva y voluptuosa, poesía anclada en la sensibilidad de una visión abstracta que es confabulación para la mirada.
Señala Arturo Caballero que en el arte, incluso en el abstracto, no hay nada casual; todo obedece a una determinada estructura formal que el artista intuye o descubre progresivamente mientras trabaja y que plasma con mayor o menor fortuna.
Para el suizo DESSAUGES la pintura es una arquitectura y hasta escultura abstracta de color y tonalidad que habita todo el espacio que se le ofrece, le da relieve, iluminación, volumen, verticalidad, y una referencialatente a una realidad que se nos impone.
Acaban sus obras por representar iconos fantásticos y futuristas que con su formidable presencia limpia la visión de los estragos y lo cubre todo con una fuerza viva y rebosante de significación.
Manifestaba DEWEY que el arte es la prueba viviente y concreta de que el hombre es capaz de restablecer conscientemente, por tanto racionalmente, la unidad de sentido, de deseo, de impulso y de acción característica de la criatura viva.
Es evidente que él nunca conoció a las criaturas que pasaron objetivadas de la mente obsesiva del valenciano DOÑATE a los espacios vacíos para que no se saliesen de ellos, no fuera que encima montasen un desaguisado. Seguro que no repetiría lo dicho.
Sin embargo, les ha dado un tratamiento plástico denso, con contornos y volúmenes acentuados, con la energía de una locura que lleva tiempo intentando convocarlos, cuyos cromatismos son carne y ennegrecimiento para hacer visible un poder que juega con los vivos.
¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte.
En la obra multidisciplinar de la nigeriana ALATISE la metáfora, el símbolo y la metamorfosis nos guían de la mano y con su presencia ante designios que llevamos mucho tiempo preguntándonos.
Su producción, al margen de su pathos endiablado, es sumamente elocuente y visual, engancha sensorial y conceptualmente, hasta hacer partícipes de todo un relato y una conjuración de fantasmas muertos que permanecen vivos.
Y lo que hace todavía más efectivo ese prodigio es una puesta en escena que sistematiza la revelación de una realidadque ha dejado de ocultarse para concebir la esperanza, quizás ya perdida, de todo un continente.
El litógrafo alemán SCHWARZ posee una poderosa certidumbre plástica y dibujística sobre lo que no es ahora ni será nunca el hombre. Por eso lo asoma a su propio precipicio.
Y al asomarlo lo convierte en piedra o en un loco que mira hacia atrás, hacia una historia que sigue siendo suya aunque intente deshacerse de ella, metamorfosearse en monstruo o vaciarse.
Presagios o presentimientos que revisan y extraen de la realidad su fantasmagoría más infiel, más amenazadora y traidora, pese a que nos tienda una mano para no quedarse sola.
El arte es capaz de aparecer y revelar un mundo y producirlo, no por lo que muestra y expresa, sino por cómo lo dice y configura, por cómo lo hace visible y significa.
Caso más adecuado no puede ser otro que el que descubre en su obra la americana BENÍTEZ , la cual en su línea figurativa y abstracta, se sacia conformando una superficie multicrómatica que manifiesta su proclama plástica.
La espontaneidad, los trazos, la densidad, la saturación, los vertidos, se suceden unos detrás de otros, sugiriendo, perfilando, silueteando, confrontando, capa tras capa, mancha tras mancha, verificando que no hay otro propósitoque salir de la oscuridad, volver a la luz, fragmentarse y rasgarse, siguiendo los innumerables derroteros por lo que transcurre su savia.
¿Podríamos calificar a la obra del chino YAN como una estética -fruto de un pensamiento oriental- que se dirige metafísicamente a la búsqueda de la esencia del arte?
En la plástica asiática la tradición y la mística son medios para la trascendencia a través del signo y de la línea, y se renuevan con la sangre tintada del misterio del tiempo y del espacio.
Constituyen meditaciones y oraciones plasmadas en las que la sensación se reviste de unas formas que se autogeneran, que se simbolizan en el sincretismo, y en unas vivencias espirituales del silencio y de lo imperecedero.
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