En estas instalaciones videograbadas de la china FEI hay un juego para ver quien es el primero que descubre el éxtasis, el desvarío, la alucinación, la quimera y la emoción. Al segundo le toca ya lo más serio, que es, dentro de la cordura y del contexto, centrarse en el encaje de los mecanismos, los encuadres, el pensamiento y discurso imaginativo sobre la enajenación, el mito oceánico, las reducciones a islas imposibles, el rompecabezas universal troceado y caótico.
Y conforme a esta esquematización, una visión a lo infantil de poder participar juntando piezas, cambiándolas de sitio, orquestando otras dimensiones y tamaños, incluso otros iconos.
Si nos atrevemos a conceptuar esta obra como una especie de apocalipsis lo agradecemos siempre que sea con esta factura y marchamo tan limpios y luminosos, en los que hasta podemos darnos buenos baños de mar. Y si no lo es, subámonos al oso panda para contemplar el panorama con mayor precisión y delectación: futuro, presente y pasado haciendo como se conocen y después resulta que lo que persiguen es destruirse.
Lo malo que tienen los muertos
es que no hay forma de matarlos.
(Ángel González).
BONI HUILLCA QUISPE / VIGILEN SUS SUEÑOS
La luz se abre y emprende una polifonía cromática que se desenvuelve en todos los ámbitos espaciales inventados por ella. No en balde le llegó el turno al universo enquistado -saludo y bienvenida- del tiempo, de la historia y de la cultura mestiza, ya sea andina, tropical o hispánica.
Es una pintura, la del peruano HUILLCA, que tiene un aliento poético cargado de visiones intensas a través de una iconografía que nos deja siguiendo unos rumbos intransferibles, entre el cielo, el paraíso y el infierno.
Hay en su obra una belleza imponderable que nace de esos abismos precolombinos que en distintas configuraciones se suceden hasta hoy mismo, marcando una plástica que enfila la contemporaneidad como el medio de revelarse con otras formas y derivaciones, con otras concepciones que siembran los antiguos sueños con el fin de hacerlos presentes en los que hoy mismo están vigentes.
Yo soy
la mentira y la muerte
(es decir, la verdad última
del hombre).
Sé que no hay esperanza
pero te dije:
espera,
con el único fin
de envenenar la vida
con la letal ponzoña de los sueños.
(Ángel González).
PIETRO MAGA (1957) / SE QUIEREN QUEDAR
Los contornos no son los que tienen la última palabra en esos cuerpos, más bien es el fenómeno inverso, salen de fondos desconocidos entregando unas complexiones femeninas que tienden a expandirse y ofrecerse como el trasunto de un deseo incontenible.
Para el italiano MAGA, el mayor deleite plástico es tatuar esas más que pieles con fogosos y eróticos contrastes cromáticos, el trazo suelto y hurgando en ellas. Por tanto, señalan la bondad de la pasión y la perfidia del anhelo, sin que, por otra parte, se le escape una sensualidad de formas, un control para que a su vez no dibujen su propia carnosidad en síntesis.
También es cierto que esos personajes mantienen un debate interno (centrar la atención en sus rostros), pues su exhibición y desnudez son para seguir hablando consigo mismos, para probarse y de paso probarnos a nosotros mismos, espectadores, que podemos sentirnos o no atraídos por ellos pero que nunca les vamos a ser indiferentes.
Todo encalló en un tiempo amargo y sucio.
Ahora,
asomando sobre las aguas,
la arboladura rota de esos días
tan sólo exhibe buitres en sus jarcias.
(Ángel González).
BARTHÉLÉMY TOGUO (1967) / NO HEMOS DESAPARECIDO
Cuando llega un artista como el camerunés TOGUO, con él trae visiones que ignorábamos porque creemos que el eurocentrismo es el principio y el final, por debajo solamente hay un precipicio insondable.
Pero lo insondable se asoma y se asienta, se proyecta y se difunde, se mueve y se desplaza. Ya no tienen miedo, o se lo aguanta, de que se vean sus propuestas por entender que son claves dentro de la actividad artística contemporánea.
Y además nos remiten a imaginarios muy enraizados, a sufrimientos e identidades que vienen desde muy atrás y se mantienen, a huidas en que dejan la piel y el espíritu que hasta ahora les orientó.
Nadie se baña dos veces en el mismo río.
Excepto los muy pobres.
(Ángel González).
MICHAEL BIBERSTEIN (1948-2013) / ME VOY A REUNIR CON ELLAS
El mundo no deja de ser más que una significación de nebulosa. No se esconde nada detrás de ella. Es una infinita dimensión cósmica entre estratos, vapores, manchas y cúmulos.
Desde unas gamas y tonalidades oscuras, de tormenta, que son impregnaciones de nuestras emanaciones hasta una condensación irisada, líquida, de una poesía de destilación de una naturaleza que nos impulsa a sentir estar cerca del jeroglífico ancestral que nadie vio.
Decía el artista Dokoupil que los cuatro elementos que ha de reunir una obra de arte son la ambición, el riesgo, la locura y temperatura. El suizo BIBERSTEIN, que acaba de morir, los tiene y que cada espectador los valore como le de la gana.
No hay tiempo que llorar.
Cuando no sangre más así la sangre,
ese día, por fin, será el futuro.
(Ángel González).
MARC MONTIJANO (1978) / ¿QUIÉN NOS HA DEJADO ASÍ?
El arte de acción, que también es de provocación, hurga en los recovecos de la condición humana en los que si caemos nos quedan cicatrices. Saca a la luz nuestras fobias, repudios y resentimientos, pero también pone de manifiesto que somos víctimas de una u otra manera. Y por lo visto cada vez hay más.
Para el catalán MONTIJANO, establecidas sus bases de actuación, el tender la soga que nos ahorca cuando nos han dejado desnudos, indefensos y encapuchados y nos llevan al matadero, es una alegoría descarnada. El inconveniente es que de esa metáfora tras metáfora, metamorfosis tras metamorfosis, sus significados derivados quedan opacados inicialmente por ese ritual de desnudismo y aparente ensañamiento.
Es evidente que los aspectos visuales de estos perfomances priorizan ante todo los presupuestos sociales y políticos que tematiza, no batallan con la forma ni con superficies, en todo caso establecen lógicas espectaculares de contexto y coherencias de espacios. Son asimilaciones difíciles y controvertidas, que ponen en juego muchos puntos de partida que habrán de tenerse en consideración.
Cierro los ojos para ver más hondo,
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.
(Ángel González).
SIMEÓN SAÍZ RUIZ (1956) / TENDRÁN QUE VERLO
Es una guerra y hay víctimas. Víctimas y escenarios bélicos no retratados fotográficamente -que es lo usual- sino tratados desde la angustia plástica del que sabe cómo es la fusión que cabe encontrar si se da un paso más.
La elaboración cromática es una incitación a viajar a un lóbrego hemisferio que hunde sus raíces en una pintura realista pero marcándola desde otras ópticas, otras visiones que tienen el fulgor pictórico único.
Son esas siluetas las que marcan la densidad del horror, la visualización de unos espacios en que se produce una violación de la luz por esa ingente marea de sangre, cuerpos rotos y dolor.
Hoy es así mi vida.
Me alimento del hambre.
Odio a quien amo.
(Ángel González).
MIKI LEAL (1974) / ¿MIRÁIS MÁS ALLÁ DE VOSOTROS MISMOS?
El color es un elemento de reflexión, obvio es señalarlo, pues con él queda patente la significación de una obra y además es por sí mismo el que inunda el escenario después de levantado el telón.
En el caso del sevillano LEAL la obra así cromatizada fragua la historia y deja que los personajes se asombren por encontrarse dentro de ella, al fin y al cabo ellos también son agentes que militan en el interior de ese cosmos reposado, goteante o incluso en cascada o desbordante.
De nada vale sostener que parte de una determinada tendencia artística puesto que, como dice Clement Greenberg, las mismas son bautizadas por sus enemigos, por eso hoy parecen más el producto de una interpretación errónea y de una impotencia. En cambio, el trabajo de este artista tiene de todo menos de erróneo.
Pero ya te lo dije:
cuando quieras marcharte ésta es la puerta:
Se llama Ángel y conduce al llanto.
(Ángel González).
COLL VERGER (1958) / NO OS ESFORCÉIS
Nunca hemos llegado a desentrañar a la abstracción informalista porque en el fondo ni lo desea ni lo necesita. Sobre su misterio o no misterio, sobre su secreto o no secreto, recae todo el peso contemplativo y reflexivo.
El caso del mallorquín VERGER no es una excepción. Desde el punto de vista formalista es una indagación que se mantiene constante. Desde una óptica vital y hasta doctrinaria podemos deambular echando mano a una retórica vacía.
De lo que se trata en definitiva es de que su obra complete en nuestro imaginario lo que nos falta, esa percepción de lo que llegamos a intuir pero nunca damos con ello. Con eso es suficiente.
Porque se tiene conciencia de la inutilidad de tantas cosas
a veces uno se sienta tranquilamente a la sombra de un
árbol -en verano-
y se calla.
(Ángel González).
JOHN MINTON / NO SÉ SI VIENEN
Geometría de las urbes en las que la pasión de los personajes es solitaria. Cubos que aprisionan, nunca protegen y aunque sean madrigueras también pueden destruirse.
MINTON articula unos escenarios que tienen la languidez del simbolismo con sombrías ondas metafísicas, buscando esa clave única que reivindique el pathos plástico de esos espacios que vienen, nos muestran y después se pierden de vista el horizonte.
Lo poético de su andiamaje queda puesto de manifiesto sin necesidad de acudir a otros órdenes configuradores y con la plasmación de una inagotable encarnación cromática que es la expresión vívida de un lenguaje visual de melancólicas resonancias.
Pues las mentiras viejas se convierten
en materia de fe,
y de esa forma
quien ose discutirnos
debe afrontar la acusación de impío.
(Ángel González).
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