Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Escribía Herbert Read que los módulos del artista se convierten en su propio sentido de libertad y cualesquiera valores estéticos que puedan existir, sean belleza o vitalidad, son meramente incidentales o accidentales.
Y si además se está produciendo un cambio dramático en el sentido visual del hombre, el chino BOYAN viene a desmentirlo con la visión de que si caben ellos, adiposos barrigudos lampiños, en el mundo cabemos todos jocosamente.
No sé si tendría coherencia el afirmar que el arte de hoy no apela directamente a las emociones, ni guarda relación con la inspiración, sino que se ofrece bajo la forma monumental del objeto irrefutable e irreducible.
A la escultura vasca se le queda impregnada la metafísica de la tierra, convergiendo en un estilo que comparte un conjunto de propiedades en un corpus de materias específicas de su mundo, principalmente la piedra, la madera y el hierro.
Por eso, en ellas, como las de ALBERDI, la solidez, el volumen, la fortaleza, la resistencia, la cohesión y la robustez, son cualidades intrínsecas, ya sea en sus rasgos figurativos o abstractos.
Pero al mismo tiempo sus valores plásticos son muy distintos entre las mismas, cada una de ellas formula su identidad en relación a sus propias referencias y a un ideario personal fruto de una experiencia casi mítica.
Bajé todas las luces,
eché al fuego los males,
pasé de funerales al pasado, dejé un cartel colgado:
Lo cierto y verdad es que la afirmación de Donald B. Kuspit de que la abstracción es hoy una ficción que ha perdido el significado es una pose como otra cualquiera en este mundo del arte contemporáneo, que premia estupidez tras estupidez.
En el caso de la obra del vietnamita VU ocurre todo lo contrario, pues está llamada a convocar y visualizar, por medio de sus recursos plásticos, todos los espectros espaciales y las visiones que provocan.
Son estallidos casi psicodélicos, entre ejecución concentrada y una imaginación que siempre está en constante detonación. Así hasta lograr un universo artístico cuya proyección nos envuelve y nos hace fantasear hasta el infinito.
El malacitano ROMERO ha configurado y geometrizado colosalmente los espacios de una urbe solitaria, sólo hormigón, muros, sombras, trazados.
Hasta que dio con sus chiricos en paseos eremitaso parados o sentados, supervivientes de una distopíaen la que lo vertical y susperspectivas han deconstruido un hábitat y lo han sustituido por una existencia que ha dejado de pensar.
Ciertamente que esta poderosa iconografía revela una misteriosa y creativa labor inconsciente, un potente resorte plástico y visual cuya ficción constituye para el espectador un cúmulo de significados que no tienen conclusión.
A la bejarana FERRERO le preocupan los medios y la forma, pues ellos son su vehículo para llegar a la obra y culminarla. Y el tipo de material y los procedimientos técnicos son indispensables para otorgar la esencia plástica que busca, en la medida en que también es un estilo en el que reflejarse. Tal es su pensamiento preliminar.
Sus cajas contienen y guardan la expresión de un romanticismo de la pasión que la domina, si bien su determinación también es poetizar esas construcciones que lo mismo que remiten a paisajes soñados pueden hacerlo a evocaciones biográficas.
En su pintura hay una sonoridad fresca y espontánea que se deja llevar, pero que halla cada vez una gama cromática que se corresponde con sus sensaciones. Es su convicción de que esa fluidez es un sentimiento que lo abarca todo, incluidos los reveses de su belleza.
Declaraba Henri Matisse que el papel del artista, como el del estudioso, consiste en penetrar las verdades conocidas tanto por él como por otros, pero verdades que se le aparecen bajo un aspecto nuevo y le permiten comprenderlas en su más profundo significado.
Los retratos del ruso DOU, ficticia verdad, es como si fuesen seres que hubiesen pasado por el placer y el drama, por la violencia y el entusiasmo, por la ironía y la broma, y ahora solamente les quedase el silencio.
Nos miran fijamente, pero no sabemos qué hacer con su mirada, ni siquiera sabemos de donde proceden esos seres, son como un reverso interno de nosotros mismos que nunca habíamos pensado que estaban ahí y eran un espíritu maquiavélico.
Ahora ya vivimos el arte como un periodo de confusión, nada favorable para los que solamente creen que hay un único enfoque. Pero lo cierto que actualmente ya no hay ningún modelo a los que el artista pueda referirse -o hay muchos-, ni tampoco una perspectiva unívoca, ni un dinamismo en la historia en sentido exclusivo.
En el caso del francés GAUTHIER, su obra está cargada de una visualidad que llega a trascender su realidad física para que el espacio sea un completo relato circunferencial, un desenvolvimiento de destinos circulares impregnados cromáticamente.
Color y geometría se fusionan en una armonía y movimiento espirituales que dotados de un equilibrio espacial proyectan una cosmovisión plagada de connotaciones y simbologías románticas.
La reacción de lo moderno/contemporáneo/posmoderno contra la tradición es también un vínculo sui géneris con la misma, sin ella no tendrían enemigo al que abatir.
El arte conceptual del italiano PAOLINI nos muestra esta convicción/reacción haciéndolo visible, ambiguo, pero bien visible, para que la fuerza del concepto no quede oculta.
A través así de sus esculturas nos preguntamos por la verdad de lo desconcertante, por el mensaje en contra o en defensa de, por la conciencia de estar dentro o fuera, de formar parte o de no formar parte. Y nos vamos sin pedir socorro al ángel de las alas en las piernas.
Clement Greenberg era muy estricto y cerrado, pues sostenía que las artes plásticas deberían restringirse a lo dado en la experiencia visual y no hacer referencia a ningún otro orden de experiencias.
Mas la pintura ha dado y sigue dando lugar a infinitas especulaciones en las que se trata de incidir sobre estilos, tendencias o movimientos. En el caso de la del alemán KEIBEL está más viva que nunca y es el resultado de una gran perspectiva visual en su experimentación con materiales que le ofrecen tal conjunción de cualidades y calidades.
Es un proceso que va ganado realidad a medida que desarrolla procedimientos, técnicas, materializaciones que se han gestado en un poso de reflexión que tiene en la abstracción el significado último.
La tela, el soporte, la madera o el lienzo han pasado a ser una arena en la que obrar más que un espacio en el que reproducir, reinventar, representar, analizar o expresar un objeto real o imaginado.
Eso es lo que hace la norteamericana NEEL, tomar el plano y utilizarlo como un depósito de pigmentos con unos terribles deseos de cromatizar su cosmovisión.
La artista ejerce de intérprete apoyada en un sentido visual y semántico de lo que la visibilidad y la plasticidad generan cuando el yo pasa a segundo lugar y actúa como una confesora imprevista.
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