Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Si hablamos de un arte humanista es porque creemos que el hombre, además de ocupar el lugar central, inequívoco, de la creación plástica, puebla el espacio y el tiempo reales, antropocéntricos, de la historia occidental renacentista e iluminista.
Pero la obra de la australiana CAY, pintora y escultora, nos incita a la duda, porque es una visión de lo que ha muerto y después ha resucitado. Nos acercamos a sus criaturas, tan bien enmascaradas, como una realidad sombría de un más allá que nos está esperando.
Están marcadas por un infierno que al deformarlas les imprime una fealdad silenciosa, maligna, mas también sufrida y embellecedora. Persistirá el eco si un día deciden irse.
Pedazos de carne, pedazos de cuerpos y seres, ensamblados, carbonizados, rotos, anónimos, ligados a la catástrofe y a la destrucción.
Sin embargo, constituyen ruinas que reivindican hallazgos plásticos en aras de un soplo vital que todavía queda incrustado en los rescoldos a la espera de una supuesta resurrección.
La obra del húngaro FÓTH, que hace de la materia un espíritu, evoca sinos imponderables, meditaciones existenciales que se fijan en la mirada como una respiración a punto de consumirse.
Señalaba Ramón Gómez de la Serna que deberíamos profesar admiración al arte negro, porque es inclasificable y no nos amenaza con su distribución por épocas e influencias.
Tal es el caso del sudafricano HLOBO, que en ese entorno externo que forma parte de su cultura de origen, después de una contemplación interna, da lugar a una creación mudada en esa fauna conformada con los materiales más inusitados y acordes con su nueva naturaleza.
No solo es una cuestión de fantasía y cavilación conceptual, es sobretodo la ejecución vívida de lo que es una realidad en extinción, malograda por una devastación que no cesa ni cesará por su falta de comprensión de lo que son estos seres que también quieren pertenecer a los designios del arte.
Cada obra tiene su mito, su lugar, su magia, su sentido y su belleza o fealdad hermosa. Y además su visibilidad encarna la misteriosa aparición de una génesis imprevista.
En el caso del británico KING, las capas y texturas con las que proporciona imagen a sus héroes, son las que corresponden a los que han dejado de ser trágicos porque su destino ha desaparecido.
El artista ha aprovecha esta oportunidadpara ofrecerles una significaciónque les asegure una realidad viva, si bien con el juego de un espíritu deformándola por sus pensamientos desatinados e infortunados.
Mientras algunos proclaman la profundidad como única forma plástica del espacio, otros subrayan que el arte moderno/contemporáneo está sumido entre la agonía de la posesión y el estertor de la desposesión.
Pero a la coreana BAE solamente le preocupa que en su obra la sensualidad y sensibilidad plásticas sean una visión de los tonos, colores, modulaciones que transitan y se forman en el ámbito de una experiencia sentida y evocada.
Se inclina por una ductilidad creativaque dote a lo pictórico de una imagen construida y delineada dentro de un espacio que únicamente la contiene a ella, que es la metáfora de un misterio que desea transparentarse sin sacrificios rituales.
No hay nada como insuflar vida al ser que ya la tenía incubada y solamente por medio de la utilización de papel de periódico. La artista japonesa HITOTSUYAMA se transfigura en esas criaturas como muestra de una racionalidad que esté al borde la locura o viceversa.
Las contemplamos como si fuesen nuestro destino, inseparable del suyo, que va en busca de su origen, de su cultura como raza, de su lengua como poesía, de los misterios de una saga que se ha perdido en el tiempo.
Son más que una realidad, son vida y desprenden un pensamiento de concordia, un hálito de luz que nunca iluminó el progreso de un universo abocado a la extinción y enterrado a la sombra perpetua. Ellos, quizás, se salven.
He aquí el espacio donde estos seres nacen, crecen y viven
Es cierto que el español MARTÍNEZ pasa desapercibido en nuestro paíscuando su obra, paradojicamente, es tan íbera, tan apasionadamente íbera.
Un factor determinante quizás sea el hecho de vivir fuera de nuestro territorio, lo que ha agrandado, sin embargo, las raíces pictóricas y vivenciales de las que parte.
Y es que además de percibir un seguimiento depurado de nuestra historia del arte es una reflexión sobre el sino del hombre y la denegada condición de su destino anónimo. Sus retratos son fiel traslación de ese epitafio, en los cuales se plasma la diferenciación definitiva de su historia perdida.
La realidad es un personaje que algunos artistas lo manipulan conforme al pensamiento de sus extravagancias, lo que desconcertantemente suele deparar una visión tan depurada como escalofriante.
Bien es verdad que el americano SCHIFF la adereza con las fórmulas del cómic, lo que no obsta este hecho para que la semblanza tenga la ironía y el imaginario agudizados y punzantes.
Al final no sabemos si lo representado se burla de nuestra mirada escéptica o nos deja que lo confrontemos con nuestra propia vida y la nulidad de sus acciones.
En algunas obras no hay nada que descifrar ni reclamar, únicamente cabe quedar absortos ante su presencia y gravitando en su misma atmósfera.
Para el alemán LERGON, la fulguración plástica es una biografía de pasión cromática incontenible, pues en ella se resume las vicisitudes creativas de una vida empeñada en un ensueño perenne.
Dentro del campo de la abstracción lo tremendamente difícil es superar una metafísica plana y neutra por una revelación que tiene como espacio la inmensidad de un acuario.
El segoviano REGUERA lleva ya muchos años paseándose con mucho éxito por el mundo, mostrando una obra casi más cercana al cosmos que a los ojos humanos, con capas que cada vez se agrandan más, mucho más, para sedimentarse mejor.
Esta pieza se podrá contemplar en la Bienal de Beijing de este año (30/agosto-23 de septiembre), como si diese lugar a un día que se abre en su mortal belleza o como una dimensión plástica que cuando se forma adquiere la ansiedad de ser expresada. La pueblan sustancias vivas que proceden de otros confines y latitudes, que al mismo tiempo son táctiles, visuales y cargadas de frondosidades celestes y claves espaciales.
Es la segura senda de un artista que deambula entre el cielo y la tierra, conformando unas cosmovisiones a cuyo ideario explorador nunca le podrá fin ni tampoco la innecesaria horfandad de un término.
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