En distintos artistas abstractos aparece la idea de que es preciso llegar a la energía primera de la que surgen las formas, la ausencia como una clase de narración, recordando el sentimiento místico del vacío, en el que se hace positiva la experiencia de la soledad.
El chileno EBERHARD, en su pintura, ofrece esa meditación y otras que se significan como interiores de diálogos indecisos, porque esa incertidumbre gana en su abstracción su fuente de continua luz en flujo intermitente.
En el tratamiento cromático abordado se espesa la duda y hasta la angustia de no llegar, de salir sin esa fisonomía embrionaria que aglutine formaciones del sentimiento y la emoción.
Respecto a la estatuaria hay otras simuladas referencias, las que cabalgan desde antaño pero descubren que la fusión les otorga una nueva condición hogaño. Son poderosas y no temen perder ante el espectador su valor de ídolo, su carácter de fuerza y volumen acabados y misteriosos exhibiendo sobre la piel los colores del cielo.

Todos dormimos,
menos aquellos
cuya vigilia
es nuestro peligro
(Fernando Ortiz).
JAVIER ARCE (1973) / UN COMPLOT DE ARRUGAS
Despertaba el día y la lisura era un patrón de predominio en los callejones más angostos. Después, al transcurrir la mañana, la lucha eterna para salvar la sangre sumaba una arruga tras otra en la faz de Goya, en las paredes de Madrid, en las almas de los caídos.
El fulgor níveo quedaba tallado en cada pliegue. Y en medio de todos ellos aparecen sombras, las figuras más accesibles a la experiencia (Jung), las que encarnan una realidad, rostros desconocidos, cuya esencia permanece inalterable. Es la ofrenda goyesca en la configuración que el español ARCE hace de ella en un marco escenográfico en el que realiza la confluencia de la luz, la negrura, el sentido visionario, el perímetro acorralado, el paso del tiempo, la muerte y el sueño de la razón.
No es una propuesta de maquillaje, ni siquiera de especulación, sobre la magnitud de otra obra, sino la desembocadura de una relación entre representación y culminación de una práctica que conjuga la optimización y el pensamiento de la mirada. Es ese el contexto, asegura, por el que tú mismo, observador, has de hacer de vehículo dentro de él, enraizándote y sondeando la verosimilitud del mensaje, la interacción de su planteamiento plástico y la singularidad de su construcción.

En este jueves décimo y tranquilo
del clarísimo mes, descubres
nuevas señales y prodigios nuevos
de la humedad en la pared.
Que ya no son fiestas ni son misterios
sino materia de estupor:
el joven ama el ruido de la muerte
pero el viejo teme su olor.
(Eliseo Diego).
ZAIDA DEL RÍO (1954) / DE PUNTILLAS BESARÍA ESTA NUBE
Lo contrario de enloquecer ante esas mamparas intrincadas de paraísos barrocos, modernistas, que constituyen la obra de la cubana ZAIDA, es permitir que tus ecos ópticos reposen en esas densidades cromáticas iluminadas y engalanadas.
Cuando entonces la seducción plástica empieza a asomarse, tu percepción es un fulgor diluido que ha cavado hondo en la sensualidad de una mirada despistada por no encontrar lamentos.
Sobre esta carnalidad y voluptuosidad meditan las visiones que pecan gozosamente, y que al contemplar estas adulteraciones del espacio-tiempo, también se amanceban con la semblanza fiel de una pintura que ha creado de la nube en tránsito de gloria realidad y hecho. No hay más súplica que llegar allí y encerrarse en ello.
Para no incidir más en este repaso, observemos la magnitud y maestría del don, la factura de su sublimación y dejemos que continúe el ardor de la pasión.

Feroz, feroz la vida
Tras su esperanza siempre.
(Jorge Guillén).
JUAN JOSÉ VERA (1926) / ¿QUÉ TENGO QUE ENTENDER?
Viendo esta obra empezaremos a flirtear con muchas cualidades de lo palmario introspectivo. Aunque no nos vaya eso de que en el arte moderno o contemporáneo entender el concepto es lo fundamental, es más importante una abstracción sentimental por la que el sentir está en la misma onda que el pensar.
En esta propuesta plástica del español VERA, del Grupo Zaragoza, da lo mismo, repito, que hablemos de una promiscuidad referencial, alusiva y vital de lo coetáneo, lo esencial es la impronta tenaz de un algoritmo que solventa eficazmente la voluptuosidad de una pintura que mientras juega, se reinventa y crece, hasta se divierte.
Y en ello está la apuesta, pues ya los engranajes recreativos se hacen método y conjura, aunque manifiesten una verdad que no es tan ciega como para irse despidiendo sin la alegría del esparcimiento.
La coyuntura creativa felizmente acabada se hace eco en los signos que filtra la mirada del espectador, que también se convierte en autor, y da lugar a una construcción cromática que toma la dirección de la síntesis del hecho, confiando su rumbo a esa forma de ser.
Pero vamos entonces siempre, vamos entonces
siempre
a conversar un poco en las extrañas islas
de la noche
a la orilla más pura de la calma.
(Eliseo Diego).
RENÉ PORTOCARRERO (1912-1985) / CUENTOS DEL ALMA CUBANA
Siempre hemos de subsanar ciertos olvidos. No hacerlo, y habiendo estado además en la isla recientemente, sería incurrir en un quehacer sin vida rememorada, clausurada en un finito que se ha quedado en nada.
Evocar al cubano PORTOCARRERO es renovar un tiempo de perfección en la luz, en sus crepúsculos y alboradas.
¿Qué es ese barroquismo que potencia la claridad de La Habana o zigzaguea en la formación ornamentada de sus habitantes? Será, entonces, casi seguro, el acicalar dentro del ocaso, engalanar el soy de los ojos para que éstos se agranden, se fíen de la serenidad y seduzcan con el misterio del sol rojo.
Este autor fue un inventor de un orbe plástico, lo dibujó con el candor de un mago que ensayaba con el alma del pincel, que conjuntaba lo justo y lo celebraba a compás de la vida y la tierra. Sin él habría un vacío pictórico en el cayo y el canto carecería de la avidez primordial del origen.

El alma quiere acallar
Su potencia de sollozo.
No soy nadie, no soy nada,
Pero soy -con unos hombros
Que resisten y sostienen
Mientras se agrandan los ojos
Admirando cómo el mundo
Se tiende fresco al asombro.
(Jorge Guillén).
GIANNI DOVA (1925-1991) / LA SONRISA DEL ENIGMA
La mirada necesita apaciguarse, tentar a las ilusiones para que dejen para más adelante el olvido. Ver sin remordimientos ni angustias.
Cuando ya entramos en cuevas iluminadas, las sensaciones se abren y recogen la plenitud de un misterio que se desarrolla dentro de lo pintado. No tienen cabida otros paralelos que no sean los de visualizar esa percepción.
El hecho de que haya esa coexistencia de procedimientos le proporciona a la obra del italiano DOVA la determinación de esa idiosincrasia, que entre figuración y abstracción, entre geometría desmembrada y cromatismo sintonizado, dispone de una enjundia cargada de sombras y gozos.
Al circundar desarrollos estilísticos que no le hacen falta, ha mantenido la creatividad en tensión a la espera de divisar un nuevo almacén de formas que le siguieron situando en el centro de la verdad que procura.

Necesito que una angustia
Posible cerque mis gozos
Y los mantenga en el día
Realísimo que yo afronto.
(Jorge Guillén).
JAMES GUITET (1925-2010) / ME HICE DESPACIO
No estoy de acuerdo con Baudrillard cuando escribe que, por lo general, la pintura no desea exactamente ser mirada, sino absorbida visualmente, y circular sin dejar rastro. No es posible que los vestigios, o esas señales que construyen nuestra identidad creadora, puedan desaparecer, es posible que sea todo lo contrario, ellos quedarán y serán el código de vida y de pasión que existió.
El francés GUITET es otro de los que en su quehacer deja patente que en una superficie, a pesar de todo, pueden pasar cosas, caben acontecimientos azarosos, geométricos y poéticos.
Por eso se ha dicho, y esta obra lo demuestra, que la pintura es una expansión irregular, cuyo principio o clave hermenéutica se ha perdido y cuya ley es informulable. Un territorio de huellas sin más.
En ella no hay fórmula posible cuando la jurisdicción cromática va ganando terreno, se estratifica, suma y sigue tonalizando el dominio conquistado. Dentro de esas ramificaciones, el fluir es poderoso o sutil, bordea o arroya, forma catarata o se embalsa en capas.
Es una sintonía lúdica y óptica que además de formar su armazón, transmite el fondo fenoménico de su luz y su concepción de la misma en diálogo con el receptor. Son confesiones que hacen un decálogo.
Si trasteando la cuerda me da sonido,
Deseo que este eco diga te amo.
Mi mano te sujeta el vientre,
Eres entraña en mundos errantes.
(José Luis Álvarez Vélez).
PEDRO S. MORILLO (1947) / LABERINTO EN QUE CADA UNO MARCA SU COLOR
Laberintos caóticos que explotan cuando los trenzados cromáticos señalan la imposibilidad de lo posible. Comienzan como manchas que quieren desviarse del fraude, arman sus rutas, chocan en sus itinerarios, y como los pensamientos ya han quedado fuera del desorden, hay que confiar en la culminación. Y se produce.
Vivir y mirar son dos experiencias equivalentes, lo sensorial lo que ha tenido lugar, y no importa la incertidumbre pues la pintura no sería si ella no la decantase y la infiltrase.
Sin embargo, a la mirada le place concitar la seguridad visual, no siguiendo rastros, y cuando se da paso a un cambio de registros la densidad se aplaca, adquiere la mansedumbre de otra tonalidad, de otra concepción de superficie, de un diferente entramado casi inscrito en la piedra, dejando huellas configuradas de mariposas, vasijas, etc. Entonces lo circular es fruto de ríos, riberas, praderas, hasta bosques.
Si la pintura no es otra cosa que una revelación súbita de una realidad distinta (De Chirico), el español MORILLO juega con nuestra percepción, convence, en su obra, a la observación para que se pose sobre la andadura pictórica como un destino del que participar llevando de compañera a esa pequeña bestia esculpida que ha empezado a caminar a nuestro lado.

En relámpagos se rasgan
Los cielos hasta esos fondos
Tan vacíos que iluminan
Los cárdenos dolorosos.
(Jorge Guillén).
FELIPE ALARCÓN ECHENIQUE (1966) / DENTRO DE MÍ SE MULTIPLICAN LOS SONES
Y traigo de retorno al hispano-cubano ALARCÓN ECHENIQUE porque a partir del 15 de noviembre podemos ver su obra en la galería de la Asociación de Veteranos de Iberia, en C/Fuencarral, 101, 1º, de Madrid.
En el trabajo de este artista la indigencia conceptual no tiene cabida, huye de ella como de la peste y con razón. Atina con lo que puede mirarse, con lo habitado dentro de una superficie, que aparece como nunca antes había aparecido.
Si el dibujo maravillado consigna hechos pictóricos es porque están ahí, en presente y con la luz de la quimera encendida. La misma que ilumina retazos, fragmentos, cavidades donde se hospedan personajes, construcciones, objetos, referencias, mitos, etc., hasta constituir un microcosmos que establece, con sus yuxtaposiciones, su propia jerarquía.
Plasmas que se ofrecen a la mirada como secuencias vivenciales de una evolución plástica e histórica, como un compendio rico en misterios y alegorías. Y nada de permitir descansos, la iluminación se apagaría y los fantasmas familiares quedarían desdibujados. FELIPE, al igual que Kant, quiere el fin y quiere los medios, y éstos alcanzan la multiplicidad de procedimientos, juegos y soluciones que la obra requiere para que su legimitidad sea total.
No pueden perdérsela, han de confiar en que las menguas no son parte de la misma, al revés, es la fusión de tramas que explicitan la alquimia del autor.
C/Fuencarral, 101, 1º, de Madrid.
NORBERT KRICKE (1922-1984) / IGNICIONES
Lo aéreo ha tratado de ser más que nunca una espiral de trascendencia o un rumbo de exploración concomitante con la innovación, no ha dejarse de indagar sobre su posible estructura y composición si no se quiere perder oportunidades de trabajar en aspectos revelatorios y fecundos.
De ese principio seguramente ha partido el alemán KRICKE para conformar esas enseñas de viento, que cruzan el espacio en horizontal y vertical, dinamizan lo volátil y lo hacen símbolo y condición alegórica.
Los filamentos, auténticos conductores de una realidad abstracta pero que introduce una emoción concreta, ya sean rígidos o flexibles, son su propio eje, que se hace invisible ante unas diagonales que establecen una escritura futurista, sancionadora de que lo primario es la forma que se autogenera.
Los fenómenos naturales han encontrado eco en estas construcciones que se elevan constituyendo una génesis difusora, una ósmosis propagadora, otro modo de encontrar un espejo.
Suscitada está la mirada, por consiguiente,
Y el adalid escultórico que la guíe.
Esa raíz que levanta tierras
Y manda formaciones,
Está presente en las estaciones
Con traje de hojas
Batidas por el ruido del cambio climático.
(José Luis Álvarez Vélez).
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