Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Decía Victoria Combalía que es justamente la cualidad que posee el arte de ser subjetivo y universal, la que a la vez hace que los efluvios de la psique del artista se conviertan en signos comprensibles para cualquiera dotado de sensibilidad.
Es precisamente esa impronta psicológica la que ha llevado al británico DEAN a transmitir plásticamente esa cualidad a cuerpos y rostros, en los que hallamos un sentir profundo que nos penetra.
Y así es como el desarrollo y proceso de sus obras por medio de la técnica de la acuarela hace que su visión subyugue a la mirada impregnándole de ese enigma oculto que la manifiesta como una magnitud sensorial y metafísica.
En cada pieza abstracta hay una historia detrás, un momento en que el movimiento del artista la va construyendo capa a capa, sintiendo en cada elección cromática, en cada mancha, la vivencia que ha culminado en una sensación.
El americano SEERY, ilumina esos relatos con unos recursos y estrategias compositivas muy depurados, pero dejando que el orden en el espacio se conforme según el juego de sentimientos y contrastes emocionales.
Para la mirada la riqueza y variabilidad de trazos, de goteos, de saturaciones, de tiznes y de embadurnamientos, es la ceremonia de sus propias evocaciones y sensaciones, de pasiones incluso que les transmiten en sus recodos vitales más guardados.
El maestro argentino ROUX ha valorado por encima de todo una realidad pictórica que fuese trasunto de un hacer propio caminando poco a poco por la vida y por el tiempo.
Y que fuese íntegramente suya hasta el último segundo de un pensamiento visual y plástico que elucubraba y gozaba cuando se sentía ya inmerso en una senda que no había pisado nunca.
De su capacidad y don prodigiosos únicamente se puede hablar al llegar a la culminación de su afán por crear y dar luz, por transmitir una iconografía que va más allá de los hallazgos, que se refrenda en unos significados que se embellecen a través de su contemplación.
Al enfrentarme con el soporte veo dentro de mí mismo y al mismo tiempo del de todos, esa condición cenagosa que no para de crecer y rodearnos, monstruonizándonos y sometiéndonos a una brillante corrupción cromática que sea todo lo elocuente que se pueda regurgitar.
Han dicho que si un artista tiene el valor y la melancolía de verse a sí mismo y aquello -el horror- que puede ser su derivación, puede enviarse a un lugar temible y hermoso, pavoroso y rutilante, a un infierno de sombras y luces en los que habitan el conocimiento del arte y su constante renovación.
Así es como el franco-argelino POUGET tuvo esa valentía y audacia, esa insolencia e inclemencia, ese rugido de incandescencia, esa ciénaga sin trampa, sin otro sueño que acabar con el rencor y la rabia cumplidos.
Son paisajes que en duermevela son lo único que existe, han colmado todos los espacios, como si fuesen ellos con sus delicadas fluctuaciones y cuberturas cromáticas los que diesen cobijo al sentimiento de estar más allá de la mirada.
El francés nacido en China XIAO-MIN demuestra en sus obras que el color es capaz de desvelar, de relatar, de invocar y rescatar horizontes que creíamos perdidos o desaparecidos.
Su sentido plástico es tan penetrante y exquisito como metafísico oriental y cercano, tanto como para tener la audacia de adentrarnos en lugares rutilantes y en visiones que hacen que las luces se queden sin necesidad de un presagio.
En la obra multidisciplinar de la nigeriana ALATISE la metáfora, el símbolo y la metamorfosis nos guían de la mano y con su presencia ante designios que llevamos mucho tiempo preguntándonos.
Su producción, al margen de su pathos endiablado, es sumamente elocuente y visual, engancha sensorial y conceptualmente, hasta hacer partícipes de todo un relato y una conjuración de fantasmas muertos que permanecen vivos.
Y lo que hace todavía más efectivo ese prodigio es una puesta en escena que sistematiza la revelación de una realidadque ha dejado de ocultarse para concebir la esperanza, quizás ya perdida, de todo un continente.
La promesa de emancipación del arte consiste en la supresión del arte como realidad aparte, en su transformación en una forma de vida (Rancière). Eso es lo que el entendió y asimiló el alemán BUTHE.
Y eso es lo que llevó a cabo en su obra diversa, reencontrándose a sí mismo en cada espacio, geografía y vivencias. Lo adoptaba casi toda de esas culturas propias y ajenas, lo transmutaba y así recuperaba la auténtica naturaleza de su destino.
Además, en todo su trabajo la pulsión cromática es su identidad sensorial y rotunda, la que ofrece la verdadera conjugación de un credo plástico que es en sí mismo la historia de una búsqueda.
Se ha señalado que las proposiciones artísticas (obras de arte) son de carácter lingüístico, no fáctico. Expresan definiciones de arte o las consecuencias formales de las mismas.
En lo que se refiere a la obra del irlandés GOUK, con lo lingüístico está lo físico, lo táctil, lo somático, por cuanto la gama cromática de sus obras se erigen en zurcidos, cosidos, remiendos, que se plantean ser solamente un destino plástico.
Cada brochazo o trazo, grueso, empastado, saturado, cuenta en sus movimientos, en sus mezclas y capas, una historia del autor, un estado de ánimo, un pensamiento inquieto, un delirio que únicamente se expresa así, contra viento y marea.
Si el arte siempre está muerto y el arte vivo es un engaño, como dijo alguien, el franco-senegalés le da la vuelta al practicar el arte siempre vivo y dejar que el muerto siga muerto aunque engañe.
Procede de un continente que recoge todo lo que está tirado y con ello, quebrado y roto, fragmentado y cortado, desmenuzado y pegado, crea su propio imaginario, aquel que es propio de una tierra y una humanidad destrozada.
Son ideas, intuiciones, sensibilidades, que saben sentirse plásticas y visuales, simbólicas y verdaderas, individuales y colectivas, luces y sombras, tiempos y lugares.
Reinhardt, según cita de Kosuth, decía que lo único que se puede decir sobre arte es que es desalentación, inmortalidad, inquietud, informalidad, inespacialidad e intemporalidad. Esos han sido siempre los fines del arte.
Por el contrario, la obra abstracta de la franco-húngara ETEDI es aliento y vida, intuición para sentir un espacio que de mental se hace físico a través de una conjugación abierta, aérea y poética de los colores -revestidos de delicadeza- y las tonalidades.
Su sentido lúdico roza lo místico hasta dilatarlo en una esfera que sumerge en su interior al que la contempla, y explora y percibe su significado, al que acierta a ver un sentido singular que comparte y evoca.
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