Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Si para Rudolf Arnheim los pensamientos están necesitados de recibir una forma y la forma debe derivarse de algún medio, el cubano DE LA NUEZ esa materialización la ha hallado a través de su propio código plástico.
Por eso sus obras, pensadas al hilo de ritmos y ecuaciones, encierran dentro de sí mismas una pluralidad de significados derivados de unos significantes que tiene en el color su portavoz.
Una vez que inicia el proceso de ejecución, las gamas cromáticas, tan densas y brillantes, así como sus yuxtaposiciones, mezclas, revuelos, agitaciones y torbellinos, se acoplan a su dirección entre lo soterrado y lo ocultado hasta entonces. Ya no hay otra decisión.
He pasado hambre. Casi no existe plato que no haya probado
No puedes tocar con la mirada esas atmósferas que poco a poco te van acogiendo y absorbiendo, sólo puedes soñar que son la realidad misma que te descubre en el momento del tránsito y de la desaparición, sin carros de fuego, sin tormentas alevosas, sin ruegos confrontados.
XX-IX-11/140x140cm
Tales obras de la alemana GROSSMANN buscan la iluminación de todo lo que es encarnación y vivencia, y esa luz, que se desprende y que parece rebasar los límites, es una nada que gravita y siente, conforta o ensombrece.
La misma artista, en su proceso de búsqueda, quiere encontrarse dentro de esa luz moteada que reviste cambios de ánimo, al pasar de cielos limpios y candentes a poéticos y amenazantes. Es una sinfonía pictórica que únicamente es válida dentro del silencio.
El sudafricano NDZUBE, en su obra, nos descubre unos artificios fulgurantes basados en sus orígenes, en una concepción de la forma y el color que se ajusta a ellos y los reconstruye bajo unas vivencias y una estilística muy personales.
Pero su mundo visual adquiere una seducción inigualable, desde unas duras realidades de partida hay un traslado a confines imaginarios y fantásticos, que son el contrapunto de lo que fue. Su capacidad plástica, pues, le permite generar unas escenas oníricas apasionantes.
Además, su pintura es la base de unas instalaciones que se conjugan y asocian de una manera delirante, incorporando personajes con cabeza o sin cabeza, que vuelan o caminan, que no revelan su identidad porque nunca la han tenido.
Que sus obras sean un retrato plural del presente en sus distintas manifestaciones, hechos, vivencias y acontecimientos, pero también sin obviar un carácter polémico y crítico.
La experiencia reside en no intimidarnos ante sus proyecciones visuales, ante unas imágenes que en sus diversos planos estallan como ecos de una realidad más allá de nuestra mirada.
Sea nuevo realismo o no, se contemplan con la angustia de una reflexión que nos impulsa a buscar con la mirada momentos de certidumbre no ahogada por esas visiones que torturan el pensamiento.
Las obras del singapurense TAN son como los frutos de una evaporización o destilación cuya significación nos fuese otorgada como una oración poética a modo de transparencias embrionarias.
Desprenden una atmósfera que se respira en el sosiego de una melodía para la mirada, como si estuviesen desnudas, fluctuantes, licuables, y tendiesen unos hilos de amaneceres entre líquenes.
Se podría señalar que la abstracción está tocando limites que llegan a lo más luminoso, a los más sensitivo y perceptivo, a la ingravidez y espiritualización de lo invisible.
La obra de la alemana VON ARNIM exige concentración y reflexión, sus referencias son visionarias, o simplemente transferencias a un futuro que ya se adivina y que ella nos traslada.
Sus imágenes, de ajustado cromatismo y gran formato, están inspiradas inteligentemente en una dimensión del espacio y del tiempo que nos ronda, que nos añade visión y conciencia, tecnología y exploración, sueño y ciencia.
En su plástica va por delante abriéndonos camino, surca sendas exteriores, espaciales, como si ya estuviese en ellas y no las quisiese dejar, al fin y al cabo ella participó en su creación y diseño. Creo que no sólo lo pide por ella, sino también por nosotros.
Decía Daniel Buren que la diferencia entre el arte y el mundo, entre el arte y el ser, es que el mundo y el ser se perciben mediante hechos reales (físicos, intelectuales y emocionales), mientras que el arte visualiza esta realidad. Incluso, añado, pueden confundirse y sentirse bajo otra dimensión.
El repertorio del canario GOPAR, multidisciplinar, es muy amplio y heterogéneo, pero hay un nexo común: unos recursos plásticos que tienen en el color su medio de identificación, la forma de construir y poetizar el espacio, de convulsionarlo para que muestre todas sus raíces.
Por eso, Romero Brest convenía en que el mecanismo de la creación artística ha venido obedeciendo desde los comienzos de la humanidad a ese movimiento de vaivén que lleva de la intuición fantástica a la intelectualización, del tabú al dios, de la imagen mágica a la imagen de la representación.
El tiempo vivido, a diferencia del tiempo físico y ordinario, da lugar a una evocación que emana indetenible, que hurga en la existencia pasada hasta que la fantasía la puebla con el delirio de lo ocurrido.
Motivo por el cual, el iraní AFSHAR ha elaborado una visión muy singular y personal de su arte, y la ha triturado para que cada pieza, cada fragmento, hable en su recia constitución por sí mimo y por el conjunto.
Su fuerte y elocuente creatividad completa una percepción que tiene en la atrocidad esa trituración de cuerpos, esas malformaciones que las entrañas cromáticas ponen al descubierto y las dejan flotar.
El arte es un obrar de carácter estético y ontológico, fundador de un mundo y organizador de un espacio simbólico conforme a unos mitos de origen que son los mediadores entre el creador y la obra.
El peruano ARIAS se atuvo a esta divisa y su obra constituye un fascinante viaje plástico a través del tiempo y del espacio, retomando formas y materias, ritos y creencias.
Su universo es fascinante y al mismo tiempo un artífice de esas presencias que nunca vemos ni veremos si no nos situamos en la constelación cultural y étnica que las evoca, por eso el artista las hace posibles a través de una inmersión contemporánea en la magia y la leyenda.
Un autor alegó que la pintura tenía por objeto la expresión visual de la percepción interna, para lo cual el artista debía acudir a los restos visibles de la percepción externa.
No sabemos si la italiana DALL O´LIO recurrió a ello, pero no importa, su cosmovisión plástica de tintes románticos nos empuja a penetrar en ella, a usar su materialización como refugio o descanso definitivo. Llegamos ante ella para sentirla.
Ilusión y realidad, alegoría, símbolo y sentimiento, maestría y experiencia, todo bajo ese canto lírico a una naturaleza que es más solitaria y solidaria así, tan bien confabulada y fraguada, tan bien expresiva y arrebujada.
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